Una amiga me contó hace poco la situación tan dura y desesperante que está pasando una mujer joven de su familia. Con menos de 39 años, ya sufre los estragos de la menopausia, que comenzó a notar hace ya tiempo.
La mujer está pasando un verdadero calvario, desde los típicos sofocos, sudores y dificultad para dormir a los cambios de humor y la ansiedad. Ella no había descartado aún ser madre biológica, así que la menopausia también ha tenido un componente emocional importante que, a su vez, se agrava con el desequilibrio hormonal.
La mujer está desesperada y se queja de la desinformación que hay, de la falta de respuesta clara de los profesionales con los que se ha topado y de que no se puede tratar un caso como el suyo como el de una menopausia normal, es decir, la que viene pasando los 50.
Hace poco ha encontrado una clínica que le ofrece un tratamiento completo de la menopausia precoz, con un enfoque integral. Le ofrecen ayuda médica, psicológica y farmacológica, así que están intentando dar con aquello que la haga sentir mejor y le devuelva parte de su vida. Al parecer, la clínica cuenta con algunos de los profesionales más preparados del país en esta materia, de la que aún queda tantísimo por saber.

El cambio
A mi amiga el caso le ha causado cierta aprehensión. Pasamos ya de los 35, siente que la menopausia puede aparecer en cualquier momento y no se cree preparada para afrontarla, así que se ha puesto manos a la obra. Por el momento solo se está ocupando, no preocupando en exceso ni tampoco obsesionándose.
Una de las informaciones más interesantes que ha encontrado es la relativa al ejercicio físico. Ella hacía ejercicio con una frecuencia razonable, unos tres o cuatro días a la semana, pero ahora ha cambiado rutinas de entrenamiento.
Como tantas otras mujeres, entre las que me incluyo, hemos dado siempre mucha importancia al cardio por asociarlo con la pérdida de peso o el mantenimiento de la silueta, que parecía que era lo único a lo que teníamos que aspirar. No podíamos arriesgarnos a estar muy musculosas por los malditos estereotipos de género, ya se sabe.
A los ejercicios de fuerza cada vez se les da más importancia por todos sus beneficios. Entre ellos están el aumento de la masa muscular y la mejora de la densidad ósea, lo que es muy útil cuando la disminución de estrógenos incrementa posibles problemas de osteoporosis. Además, estudios recientes apuntan a la combinación de ejercicios aeróbicos y musculación para mejorar síntomas tan desagradables como el insomnio y los sofocos.

Superwoman is coming
Mi amiga ha decidido dar protagonismo a su salud, así que ahora completa diariamente la ruta casa-trabajo-gimnasio-casa. ¡Ha empezado a ir a entrenar hasta los domingos! Está apuntada a un gimnasio muy pro, y allí se tira alrededor de hora y media casi siempre que va.
Comenzó con actividades dirigidas en las que alternaba peso y cardio, tipo HIIT, pero luego pidió un entrenamiento personalizado. Es obcecada, le gustan los retos, así que ha ido incrementando el peso poco a poco. El otro día compartió una foto en sus historias de Instagram en la que aparecía haciendo puentes de glúteos con la espalda apoyada en un cajón. Le llamó la atención el montón de discos que tenía en la barra, y, cuando le pregunté, me dijo que ya iba por 80 kg. ¡Me pareció muchísimo!
Desde mi punto de vista, tiene alguna asignatura pendiente con la alimentación, pero también se está informando al respecto y a mí me está contagiando con este deseo de cuidarse. Hablo con ella a menudo de esto, y estoy implementando algunos cambios en mis rutinas. Me lo estoy tomando como una forma de preparar una vejez con bienestar. Hay cosas que no puedo controlar, obviamente, pero me quiero ocupar de las que sí.
En conclusión, amigas: a desterrar algunos viejos mitos y a alternar el ratito de zumba o de step con mancuernas y máquinas. Seguro que en el presente y futuro nuestro cuerpo lo agradece mucho.
Esse