Esta información tiene un carácter meramente informativo. Para obtener asesoramiento o diagnóstico médicos, consulta a un profesional.
Si pido en una sala repleta de mujeres que levanten la mano las que no hayan sufrido alguna vez que sus muslos se rozaran, creo que la levantarían como mucho un 10% y por tener alguna excepción a la norma. Y por supuesto hablo de mujeres porque los hombres llevan siglos usando un maravilloso invento: los pantalones. Pero es verdad que hay otros factores que influyen aparte de la ropa, la anatomía, el calor, la humedad…
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Yo probé de todo: cremas, apósitos, pegatinas de silicona, pantaloncitos que acababan rozándome más abajo… Al final, mi solución es cortar unas medias y llevarlas bajo las faldas. Pero eso es lo que me funciona a mí y no quita que celebremos que de unos años hacia acá hay muchas más opciones para combatir este malestar; la primera crema específica para ello que yo me compré fue en la farmacia y costó 35€, mientras que ahora incluso venden soluciones en stick en grandes tiendas deportivas.
Pero siempre que se abren y normalizan algunos melones hay que hurgar un poco más allá. El año pasado tuve que padecer en mis carnes una afección relacionada y que ignoraba completamente hasta que me tocó: eccemas en los intertrigos. Y diréis “¿Qué es eso?” Pues yo lo dije cuando en las axilas, bajo los pechos, en las ingles y bajo el michelín principal empezó a ponérseme roja la piel y a picar horrores; los intertrigos son los pliegues del cuerpo, ese cuerpo que debes amar pero que se te hace un poco más complicado hacerlo cuando te pasan estas cosas.
Bajo la última localización mencionada, el mollete mayor, además del eccema empezó a levantarse la piel y en cosa de un día se me hizo una llaga supurante y asquerosa (que me ha dejado una cicatriz bellísima)… cuando se la describí a la enfermera pensó que exageraba pero su cara al verla fue un cuadro. Resulta que en los pliegues de nuestra fisionomía, cuando suben las temperaturas, la piel roza con la piel, el sudor no se evapora y la fricción continua destruye la barrera protectora. Y esto es una serie de catastróficas desdichas encadenadas, porque cuando la piel sufre esto, se pone blanca, blandengue, sensible y el lugar ideal para que proliferen bichitos.
No fue mi caso personal pero un amigo frecuente en estos casos es un hongo llamado “Candida albicans”, y lo llamo amigo porque muchas mujeres lo conocemos por habitar otras partes de nuestro cuerpo, y a veces, que eso sea problemático: es el hongo que cuando se altera su equilibrio en la vagina nos provoca candidiasis.
Y igual que se sabe que el problema vaginal no es por falta de higiene, esto tampoco: no es por suciedad, no es porque no te laves, no es por relacionarte con nada externo… os aseguro que fue cuestión de horas. Y yo, en mi ignorancia, intenté paliarlo y tampoco lo hice bien: por ejemplo, intentaba limpiarme el sudor, pero la zona me dolía aún más cuando estaba seca, se me cuarteaba y picaba horrores.
Y como necesitamos más información al respecto para no cagarla, os cuento: hay hábitos que siempre son favorables (secarse bien al salir de la ducha sin generar fricción, hidratar la zona, no utilizar ropas sintéticas, cremas preventivas al roce como las de los culitos de los bebés…) pero mi consejo fundamental es que en cuanto lo identifiques vayas al médico porque se puede convertir en algo muy feo.
El hombre llegó a la luna, Internet conectó al mundo y se ha podido secuenciar el genoma humano, creo que se pueden comercializar, de forma barata, productos específicos para prevenir estos problemas y que no sean remedios caseros con maicena (al menos provocan menos engrudo que los polvos de talco).
Dalia Suárez