Hubo un momento en el que decidimos colectivamente que todo en la vida era un trauma. Te deja tu casi algo: trauma. Tus padres no te dan dinero para que te compres un móvil de alta gama: trauma. Tu pareja no quiere discutir contigo y se marcha dejándote con la palabra en la boda: seguro que tiene un trauma de la infancia sin resolver.

Testimonios reales en whatsapp

Antes, no te leías un libro de autoayuda ni muerta. Ahora, en las librerías tienes toda una sección dedicada a este tipo de libros. Estanterías enteras para que aprendas a quererte más, a soltar, sanar y para que logres tus objetivos. Hay libros para todo: autoestima, crecimiento personal, duelo, bienestar… Vamos, que si no te arreglas la vida es porque no quieres.

Antes, ir al psicólogo era reconocer que estabas loco. Ahora, vamos al psicólogo como quien va a la peluquería.

Que hasta tenemos cada uno nuestro terapeuta de confianza con su nombre, apellidos y su título enmarcado en la pared de su despacho.

A ver. Vamos a calmarnos. No todo lo que te sale mal en la vida es un trauma, ni todo los tíos que son unos capullos, son narcisistas.

No siempre lo que te pasa es una herida profunda del alma, es que estás hasta las narices. Que no es lo mismo. No necesitas terapia para todo; a veces necesitas dormir ocho horas, tomarte un café con una amiga que es muy terapéutico, o mandar a paseo a quien tú ya sabes.

Que igual no necesitas otra sesión para entender por qué te cuesta decir que no. Igual necesitas decir que no y punto.  Que el mundo no se acaba. Que nadie se muere. Que, de hecho, hasta te respetan más.

Y que si esa persona a la que, por fin, te has atrevido a negarle algo, te deja de hablar, pues igual no era tan amiga como tú pensabas.

Nos hemos complicado tanto la existencia que hemos perdido la capacidad de ser simples. Por cualquier cosa nos remontamos a la infancia de nuestros antepasado para encontrar una explicación a nuestro carácter. Pues a lo mejor la culpa de que tú seas una insegura no la tiene tu tatarabuela que vivió en un pueblo de La Macha y tuvo dieciséis hijos.

Igual la culpa de tu carácter la tienes tú, por no valorarte como debes y por no coger al mundo por las pelotas.

Os juro que hay ocasiones en las que yo cogería a alguna de mis amigas y les daría un par de hostias. Para que espabilaran un poquito. Porque, en serio, a veces hacen drama de unas tonterías…

El otro día una amiga mía, histérica, porque le habían cerrado la mercería donde siempre lleva los paquetes de Vinted. Y que ahora se iba a tener que desplazar más lejos cuando vendiera o comprara algo. Pero en serio, un dramón. Hija pues aprovecha la oportunidad que te ha dado la vida. ¿Está más lejos el siguiente punto pack? Pues más caminas, que es buenísimo para la salud.

Otra, que había discutido con su novio porque él no le había contestado “te quiero” cuando ella se lo había dicho. Que si estaba raro, que si notaba malas vibras, que si todas las mañanas le decía “te quiero” pero ese día no… Y ahí estaba ella, analizando cada palabra, cada gesto del muchacho, como si tuviera que resolver un enigma, que ella solita se había inventado.

—Es que creo que tiene apego evitativo —me dice, muy seria.

Mira, de verdad, apego evitativo voy a tener yo como siga escuchando estas chorradas.

Pues eso. Ella dándole vueltas a algo que no las necesita. Porque ahora todo tiene nombre. Todo tiene diagnóstico. Y cuanto más técnico suena, más guay parece. Y no. A veces es tan simple como que estás aburrida. O insegura. O te has montado una película tú sola en la cabeza cuando igual tu novio no te contestó porque no te escuchó, porque estaba medio dormido o porque pensaba en sus cosas.

Que yo no digo que no haya problemas de verdad. Que los hay, y muy serios. Pero es que estamos mezclándolo todo. Lo gordo con lo ridículo. Y así, al final, le damos importancia a cosas que no la tienen.

Que no es lo mismo que te dejen plantada en el altar que te dejen en visto en WhatsApp. Y sin embargo, hay gente que reacciona igual. Con el mismo nivel de angustia, de análisis, de “necesito entender qué ha pasado”.

Pues ha pasado que no te ha contestado al mensaje. Fin del misterio.

Así que la próxima vez que te veas montando un drama por algo mínimo, hazte un favor: párate un segundo y pregúntate si eso que te pasa es realmente un trauma… o si lo que necesitas es tomarte un café, dar un paseo y, con todo el cariño del mundo, que te den un par de hostias para que espabiles.