Si hace unos años me dicen que iba a comprar cosas de segunda mano, me habría tirado de los pelos. Es verdad que yo asociaba todo este tipo de compras o la los puestos del mercadillo o a los rastros ruinosos que hay en mi ciudad en los que lo más útil que te puedes encontrar es una silla dieciochesca o una mesilla mal decapada en un intento por resucitar la de mi bisabuela.

Ahora soy más del “nunca digas nunca”.

Con el auge de Wallapop y Vinted y la merma en mi economía, empecé a abrir mis horizontes y hay 5 cosas que compro de segunda mano y no sabéis lo feliz que soy.

  1. Abrigos de lana buenos

Estaba cansada de gastarme de 30 a 60 euros en abrigos que no me duraban ni dos temporadas. Es verdad que no puedes esperar mucho por esas cantidades… O eso pensaba yo.

La primera vez que compré un abrigo de segunda mano fue porque vi a una amiga del colegio un abrigo rojo precioso. El problema es que era largo y en esa temporada el rojo no era el color Pantone. Así que empecé a indagar en Vinted.

Encontré un abrigo precioso rojo, de lana bueno, largo y vintage por 60 euros. Regateé un poco y me lo dejó en 40. ¡No os imagináis la joya que tengo en casa por 40 euros! No hay vez que me lo ponga que no me pregunten por él.

A partir de ese momento me he ido haciendo con una colección de abrigos , salvo alguna ganga, ya sólo los compro de segunda mano.

  1. Accesorios infantiles

Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, en mi mente, pensaba que quería todo nuevo, conjuntado y, a ser posible, el último modelo. Eso era porque no sabía precios…

El primer choque de realidad llegó con el carrito. ¡Casi costaba más que nuestro coche roñoso de segunda mano! Como fue un regalo, elegimos uno de precio decente, pero no exorbitado. Nada de Bugaboo…

Es cierto que tuvimos mucha suerte y nos dieron muchas cosas de amigos que ya tenían hijos. Así que la primera vez que me lancé a comprar algo de segunda mano fue cuando nuestra segunda hija empezó con la alimentación complementaria. Nos encantaba la trona que nos habían dado, pero la nueva costaba casi 160 euros. Así que me metí en Wallapop y encontré otra igual, ¡a 15 euros!

Hace un par de meses nos fuimos de viaje y necesitábamos un carrito de tijera. Tiré de Wallapop y un maravilloso McLaren por sólo 10 euros. Le faltaba la malla de abajo, ese era su único “pero”.

Y en esta línea he cogido varias cosas que han ido surgiendo como “necesidades momentáneas”. Eso que parece que es imprescindible en una época y luego se convierte en un trasto: desde juguetes como barcos piratas, bolos o triciclos a torres de aprendizaje, todos tirados de precio.

  1. Disfraces y abrigos infantiles

Que los niños crecen a pasos agigantados es una realidad. Y no eres consciente realmente hasta que ves que los abrigos no duran ni una temporada. ¿Solución? ¡Vinted! A los niños no les da tiempo a destrozar los abrigos (al menos, a los míos, todavía no) y encuentras verdaderas gangas.

En esa misma línea están los disfraces. Hay algunos que destrozan porque hasta quieren dormir con ellos. Sin embargo, otros son sólo para un día.

  1. Libros

Soy una adicta a los libros, lo confieso. Pero es verdad que desde que tengo el electrónico sólo compro en formato papel aquellos que me llaman mucho la atención o son más técnicos y me gusta subrayar y leer y releer. Hay que apuntar que las novedades están fuera de esta lista de Wallapop (cuestan casi lo mismo que nuevas), pero los clásicos y los libros especializados se suelen encontrar bien de precio y en muy buenas condiciones porque, desgraciadamente, no leemos tanto como “deberíamos”.

Además, muchos de los libros que para algunos son una joya, para otros son un trasto que han heredado y no son capaces de ver su valor. El resultado es un precio reducido y, si buscas, irrisorio.

  1. Accesorios de “gimnasio”

Todas hemos tenido una bici estática con función de perchero. Pero también todas hemos tenido épocas de usarla a diario. ¡Pues eso! Que cuando nos da la fiebre del ejercicio en casa nos venimos arriba: mancuernas, TRX, esterilla, gomas elásticas… Pero si te pones a tope con todo es un dineral.

Desgraciadamente, son épocas: vamos de cero a cien y de cien a cero en menos que canta un gallo. Así que, llegado un momento, en muchos trasteros se pudren todos estos artilugios de tortura hasta que un día te acuerdas de que los puedes vender porque hay otra ilusa como tú que cree que va a ser constante con el ejercicio en casa. ¡Ahí entro yo! Y tengo todas esas cosas en el desván. Eso sí, todavía no he vendido mis accesorios de Wallapop porque creo firme, e ilusoriamente, que en algún momento volveré a usarlos…

 

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