Todos tenemos miedo a algo, pero existen distinciones entre los temores fundamentados y las fobias. El miedo es una respuesta de nuestro cerebro a una amenaza, muy similar a la ansiedad. Sin embargo, las fobias van más allá del “rechazo nervioso común” que supone para muchos el miedo. Se trata de una fobia si su nivel de miedo es desproporcionado, irracional y derivado de un ser, objeto o situación muy concreta.
Existen varios tipos de fobias. Las fobias específicas son las que normalmente asociamos a este término, y suelen tener como objeto de terror un animal, una situación o la exposición a un elemento concreto. Se especula que el origen de estas fobias puede ser un encuentro negativo en la primera infancia con dicho animal o situación, lo que mantiene el recuerdo de amenazada marcada.
Cabe destacar que la ansiedad social y la agorafobia serían tipos de fobias no específicas. La ansiedad social se caracteriza por el miedo a ser juzgado por los demás. La agorafobia, muchas veces entendida como “miedo a los espacios abiertos” es en realidad el miedo a estar en una situación de la que no podemos escapar.
Siempre me ha gustado el género de terror, y es por eso que no solía entender las fobias de la gente. Las arañas y las serpientes, dos de los miedos más comunes, siempre me han resultado fascinantes. Otras fobias específicas me parecían (aunque no lo decía) ridículas. Sin embargo, cuando crecí y la ansiedad empezó a acompañarme, pude entender muy bien el miedo. La ansiedad social y la agorafobia me han atormentado demasiadas veces. Ni animales venenosos ni payasos asesinos, interactuar con un grupo de desconocidos o hacer un plan en un lugar nuevo son lo que realmente hace que me cague de miedo.
Como cada uno tiene su percepción particular, a veces asumimos que todos registramos la realidad de una manera parecida. Hablando de a qué le tenemos miedo es una manera fácil de comprobar lo diferentes que funcionan nuestros cerebros.
He conocido a mucha gente con aracnofobia (miedo a las arañas), siendo posiblemente la fobia más común. También me he encontrado a bastantes personas con herpetofobia (miedo a las serpientes). En cuanto al origen de sus miedos, motivos opuestos. O demasiadas patas, o demasiadas pocas patas.
Otro terror, aunque pueda parecer raro, muy extendido es la coulrofobia (miedo a los payasos y mimos). Al hablar con gente que padecía este temor, se repetían las expresiones “mal rollo”, “raros” y “no son de fiar”. El maquillaje exagerado e irreal y los gestos extravagantes de payasos y mimos, en contraste con la apariencia de cualquier otra persona, parecen ser la causa para este miedo. Tengo que admitir que, aunque no comparta este miedo, lo entiendo. Sin ir más lejos, el fenómeno de los payasos de 2016, cuando se popularizó disfrazarse de payaso ya fuera para asustar a desconocidos o para cometer delitos. No tengo fobia a los payasos pero preferiría no ser perseguido por ninguno, solo y de noche.
Otra fobia que he descubierto más común de lo que parece es la tripofobia (miedo a figuras geométricas muy juntas). Esta fobia seguramente es una herencia de nuestra supervivencia en la naturaleza. Los patrones geométricos que causan la tripofobia son similares a los encontrados en panales de insectos, hormigueros y hongos. Un miedo preventivo a estos patrones podría haber salvado a nuestros ancestros de situaciones peliagudas.
No deja de ser irónico que la sesquipedalofobia sea el miedo a las palabras largas, o que la aibofobia sea el temor irracional a los palíndromos. Todavía no he conocido a nadie que las sufra pero, como ya vemos, el miedo puede presentarse en todo tipo de formas.
Tío Vivo
