Mi amiga estaba de Erasmus en Bolonia, Italia, disfrutando de la vida nocturna universitaria como solo ella sabe. Una noche normal, salió de fiesta con sus amigas, entre risas, música y algunas copas. La madrugada los encontraba caminando de regreso a casa cuando se cruzaron con un tipo que parecía simpático y comenzó a charlar con ellas. Entre bromas, risas y conversaciones improvisadas, el chico decidió hacerle a mi amiga una propuesta completamente inesperada.

—Me gustas mucho —le dijo— y quiero tus bragas.

Más testimonios reales molones en whats, vente!!

Mi amiga se quedó completamente perpleja. Al principio dijo que no, claro, pero el chico insistió tanto que ella, que nunca ha conocido la vergüenza, finalmente accedió a negociar. La situación era surrealista: un tipo que le pedía sus bragas a cambio de algo que valiera la pena, y ella, con esa mezcla de atrevimiento y picardía, decidió escuchar la propuesta.

El hombre le ofreció la bicicleta en la que iba montado. Mi amiga, que ya olía un buen trato, negoció: la bici más 20 euros a cambio de sus bragas. El trato quedó cerrado. Se apartó detrás de un contenedor: él quería que se las quitara delante de él, pero ella, con sus límites claros, se negó. Se quitó las bragas discretamente, se las dio y el trato quedó terminado según lo pactado. Mi amiga se llevó la bicicleta, los 20 euros… y la sensación de haber triunfado con una negociación totalmente inesperada.

Todo parecía perfecto… hasta que la realidad tocó a la puerta. A pocos metros, una patrulla de policía se detuvo junto a ellas y les pidió explicaciones sobre la bicicleta. Mi amiga, avergonzada y con las mejillas enrojecidas, contó la verdad: había intercambiado sus bragas por la bici con el chico del bar.

La sorpresa llegó cuando los agentes le explicaron que la bicicleta acababa de ser robada de un bar cercano y que la estaban buscando activamente. Así que, de un momento de triunfo y picardía, mi amiga pasó a estar involucrada en un incidente policial completamente inesperado. La bici fue confiscada y ella fue llevada a comisaría para declarar.

Afortunadamente, su versión fue creída: explicó todo tal cual había sucedido, incluyendo la negociación tan surrealista, y los policías terminaron por dejarla marchar a casa. Eso sí, con una lección aprendida: sin bici y sin bragas, pero con una historia que jamás olvidará.