La primera vez que escuché hablar de esta serie fue porque me la recomendó una mamá del cole. Me dijo que eran dibujos animados para niños, pero con historias que tocan la fibra sensible y con toques de humor que sólo entendemos los padres.
Me la pintó tan bien que al día siguiente la busqué en Disney + y se la puse a mi hijo para verla con él. Ya desde el primer capítulo me enganchó. Son capítulos super cortos pero muy amenos que te hacen reflexionar, reír y hasta llorar.
Bluey es una serie australiana que sigue las aventuras de una perrita de raza pastor ganadero australiano o Blue Heeler de seis años, su hermana Bingo de cuatro años y sus papás, Chili y Bandit. Aunque a simple vista parece una serie infantil más, me di cuenta rápidamente de que es mucho más que eso.

Uno de los aspectos que más me atrajo de Bluey es cómo aborda temas de la vida cotidiana de una manera auténtica. Los episodios muestran situaciones que todos hemos experimentado: desde los juegos en el parque hasta las cenas familiares y las rutinas de la mañana.
Pero también temas serios como es la infertilidad o la muerte. Recuerdo un episodio en particular donde Bluey lidia con la muerte de un pájaro herido. La forma en que la serie maneja el tema de la muerte, sin ser sombría ni inapropiada para los niños, es conmovedora y educativa.
Para mí, sin duda, lo mejor de la serie son Bandit y Chili y su manera ejemplar de afrontar la maternidad y paternidad. Juntos hacen un tándem perfecto. Son papás modernos que abogan por la crianza respetuosa.
Todas queremos un marido como Bandit que se encarga de sus hijas, es divertido y ama a su mujer.

Hay capítulos que son una verdadera lección para nosotros, los padres. Como aquel en el que Bluey está triste porque cree que sus padres prefieren tener don hijas como Bingo porque da menos la lata, y al final le enseñan que cada niño tiene sus virtudes y sus defectos y que quieren a sus dos hijas por igual.
Me reí muchísimo con el capítulo de “La Piscina” porque fue como si viera mi vida. Bandit y las dos niñas se ríen de mamá porque no es divertida. Se van los tres a la piscina y cuando llegan se dan cuenta de que a papá se le ha olvidado la bolsa que mamá había preparado con las cosas de la piscina: no tienen chanclas, no tiene manguitos, ni crema solar, ni comida para picar. Entonces se dan cuenta de que Chili no es que sea aburrida, es que previsora y responsable y se preocupa por el bienestar de los suyos.
Éramos mi marido y yo; él yéndose al parque con los niños tal cual, y yo recordándole que se llevara la merienda, una botella de agua, una pelota para jugar. En serio, me reí tanto que me hijo me miraba con ojos de “mi madre no está bien de la cabeza”.

En conclusión, Bluey es la mejor serie infantil no solo porque entretiene a los niños, sino porque también ofrece contenido de calidad que gusta también a los padres. Sus historias son emotivas, su humor es inteligente y su representación de la vida familiar es auténtica y alentadora. Cada episodio es una pequeña joya que nos permite reflexionar sobre nuestra propia vida familiar mientras disfrutamos de un buen rato con nuestros hijos.
Si aún no has visto Bluey, te recomiendo que le des una oportunidad. Estoy segura de que, al igual que yo, te engancharás desde el primer capítulo y encontrarás en cada episodio algo que te haga sonreír, pensar y, sobre todo, pasarás un buen rato junto a tus hijos.