Soy la pequeña de todos los primos de la familia, tengo 18 recién cumplidos y estaba empezando a comerme el mundo, y a otras personas, justo antes de que la pandemia parara, o al menos cambiara,  nuestros días. Hace dos años que perdí la virginidad y mis primas mayores fueron el refugio donde aprender la teoría que una no se atreve a preguntar en casa. A ellas también les debo parte de las canciones que habitan en mi Spoty y muchos de los títulos que ocupan mi estantería, entre ellos todos los de Beta. O Elisabet.

No recuerdo qué libro estaba leyendo, ni siquiera a que trilogía pertenece porque me he leído todos los libros de esta mujer rápido y uno detrás de otro, olvidando a los personajes en cuanto terminaba la última página y cogía el siguiente libro del montón. Sé que fue de los primeros que leí así que quizás fuera en alguno de los de «Alguien como…» o los de «Valeria». O puede que no pero a lo que venía, las diferentes sagas me engancharon mucho y no sólo por la parte sexual que todas tienen. Sus libros son lo más parecido a una clase de educación sexual que he tenido en mi vida. Sé que no debería ser así pero es.

Una de las escenas de sexo que me encontré en sus novelas, la protagonista narraba, creo recordar, como le regaló a su chico para su cumpleaños el acceso a la puerta trasera y a mi me pareció que aquello era mucho mejor que una tontería del Tiger de 3 euros así que le mandé un mensaje a mi chico diciendo que por mis 18, le abría todo. Y el empezó a contar los días en el calendario.

Seguí leyendo, y me encontré con una escena de sexo en otras páginas: chico tumbado, chica se posiciona encima y lentamente y controlando ella todo el rato, ventajas de estar encima, va, poco a poco, introduciéndose el asunto por el agujero normalmente conocido como de salida. Nunca se me había ocurrido practicar sexo anal en esa postura pero en ese momento me pareció la postura perfecta para dejar a mi chico totalmente impresionado. Además, yo llevaba el control, así seguro que no me dolía tanto como alguna amiga que había probado afirmaba.

Por cierto, en el libro, la escena fue perfecta pero amigas, la realidad siempre es otra historia.

Llegó el día, yo intentando estar relajada aunque mi cuerpo no lo estuviera, la cama más grande de su casa y al tema que te quemas. Bien de preliminares, bien de ganas, que si besos por el cuello, que si te acaricio la espalda, que si jugamos por la zona anal, que si te hago una felación que así se te pone (aún) más dura, que si aquí tengo el bote de lubricante por si acaso, que si no puedo más y quiero sentirte dentro y ahí que voy, con mi melena atada a demostrarle a mi chico que lo va a flipar. Y flipó. Lo tumbo sobre la cama, doy por finalizada la felación y me coloco para, por primera vez en mi vida, tener sexo anal y terminar con un arqueo de espalda cuando lleguemos al climax juntos. ¡JA! Arqueo de espalda si hubo, pero no como me lo había imaginado.

Comienzo a jugar, a bajar y subir, a notar algo, a sentir un poco de dolor soportable, de ese que duele y sabes que te dolerá más después pero que en el momento te da hasta gustito, sigo con movimientos más o menos rítmicos controlando y entonces él se viene arriba. Y yo abajo. Mi novio, el que era todo delicadeza decidió que aquello ya estaba a punto, vete tú a saber por qué, y me empaló. Literal. Arqueé la espalda y el cuerpo entero, grité más que mi gato cuando lo pisas y me quede sin respiración. Todavía se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo. ¿Qué paso después? Mi chico se quedó asustado, a mi me caían lágrimas del tamaño de monedas y cuando conseguí moverme me fui al baño. El acto sexual de ese día, y de los siguientes, se terminó ahí.

Pasaban los días y a mi me dolía más y más, sangraba al ir al baño y hasta llegué a llorar del dolor. Le conté a una de mis primas lo que había pasado y, después de las risas iniciales, de compartirlo en el grupo de wass de todas las primas, de dejar de llamarme por mi nombre para llamarme «Beta la experta», me obligó a llamar al médico. Hoy os escribo esto sentada en un flotador y esperando a que llegué la hora de ponerme el siguiente supositorio de nitroglicerina. Sí, siguen existiendo los supositorios.

Anónimo

 

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