Debió ser por la época de la pandemia que dediqué mucho tiempo a la lectura. Me compré un ebook, lo llené de libros y no había tarde que no me pasara el rato con mi té calentito leyendo. Así recuperé un hábito que aún hoy mantengo con el que a parte de pasar un buen rato me ha hecho descubrir cosas que no sabía que existían.
Las mejores historias y testimonios en whats, VENTE
Me gusta todo tipo de lectura, pero disfruto mucho con libros eróticos, de los que pasan fácilmente, de Folleteo les llamo yo, que entre novelón y novelón los intercalo para hacer descansar un poco al cerebro. Los que leéis mucho ya sabéis a lo que me refiero.
Fue por esa época que decidí leer la saga de Megan Maxwell, Pídeme lo que quieras. Pensaba que serían flojitos, pero ante la expectativa de que iban a rodar la serie en breve (aún la espero) decidí avanzarme con el modo literario.
He de confesar que el hecho de estar leyendo este tipo de novelas te mantiene de alguna manera con la líbido subida. Es como ver una película pornográfica, pero mejor. El libro siempre es mejor. Además, tenía a mi pareja todo el día pendiente, que qué leía, que qué pasaba en la historia, y yo pues le contaba pasajes que me parecían curiosos, le explicaba un poco la trama, con la que él disfrutaba, y como luego muchos días había tema, pues estaba más que satisfecho con mi afición. Aunque siempre me decía si aprendía cosas nuevas, que a ver cuándo le sorprendería.
Y sí, le sorprendí.
Fue un fin de semana que nos escapamos de hotel. Le dije que se preparara que iba a haber novedades. No os podéis ni imaginar lo expectante que estaba. Desbordaba emoción.
Lo que yo había leído en esos cuatro libros era algo sobre un juguete sexual, uno nuevo que hasta entonces desconocía. Se trataba de la joya anal. Una especie de chupete para el agujero del culo, hablando en plata. Con un acabado de piedra tallada, a modo de joyón que es lo que quedaba fuera y que él veía mientras te estaba penetrando por detrás. Me pareció algo curioso y original, así que una tarde me puse a rebuscar por internet para comprar el artilugio en cuestión.
Yo que no tenía experiencia en meterme más que supositorios el tamaño de la clavija me parecía algo “ofensivo”, pero tenía que ser valiente y probar. Fui prudente y compré el mediano, unos ocho centímetros de nada. Lubricante incluido, porque para introducir aquel piñoncito algo habría que ayudar. Me llegó el pedido al día siguiente, una monada que fue directa a la maleta de fin de semana.
Mi novio se lo pasó extra con el nuevo descubrimiento. Le encantó. Era lo último que se esperaba. Rápido se dio maña para poner el tapón al sumidero y gozar de lo lindo. Y gozamos los dos, confieso que a mi también me gustó, aunque no veía el diamante incrustado en mi pandero, podría imaginar la estampa, que me parecía de lo más excitante.
Y bueno, desde aquel momento a él también se le despertó un poco la afición a la lectura. Empezó también con uno de la Maxwell, que aunque no llegó a acabárselo sí que le sirvió para coger el hábito y tener la inquietud de saber que en los libros sigue habiendo muchas lecciones y mucho aprendizaje.
Post no patrocinado, que nos conocemos XD
