Como dicen, tres son multitud. He tenido tres experiencias que hacen honor a este refrán.

Más follodramas y relatos eróticos, pincha aquí

El experimento

La primera. Típico chico conoce a chica que quiere conocer a alguien con su chico. Los conocí en Tinder. Sin estar yo buscando algo así, acabo preguntándome ¿por qué no? 

Aunque la situación me hace sentir un poco “unicornio” y no estoy acostumbrado a ser el “objeto de deseo”, decido darles una oportunidad. Son una pareja agradable, con gustos compatibles, parecen naturales. 

Me invitan a una fiesta con más gente, para conocernos y “ya luego vemos”. Antes de ir estuve hablando bastante con ella y parece que todo acompaña. Allí le conozco más a él. No me casaría con ninguno pero oye, para experimentar en buena compañía, ni tan mal.

Lo hacemos despacito y con buena letra. Hablamos mucho y bebemos poco hasta que vamos a su casa. Allí tardamos todavía un par de horas en pasar a la acción. Llegamos a la acción pero no pasamos de los preliminares. En el momento de la verdad, ella se siente abrumada e insegura.

Nos vestimos y charlamos un rato más para asegurarnos de que todo está bien y me marcho después.

El desequilibrio

Mi segundo trío no fue más normal que el primero. Sí fue más inmediato. Un ex rollo me escribe en un momento en el que estaba aburrido y cachondo, tormenta perfecta. Antes de invitarme abiertamente, me avisa de que está con otro tío, por si eso me pone o todo lo contrario.

Todavía no había estado con dos hombres a la vez y, aunque tampoco es que fuera un sueño pendiente ni nada de eso, estaba en esa etapa en la que hace ilusión tachar cosas de una lista que algún día contarás como anécdotas.

Allí al principio todo agradable, después se empieza a hacer incómodo. Ellos debían llevar un rato dándole, porque no tardan mucho en explotar y parecen exhaustos. Entonces empiezan a enfocarse en mí. Mucho. Empiezo a sentirme abrumado. Me doy cuenta que, efectivamente, no había estado con dos tíos a la vez y tal vez había subestimado la carga sensorial en una experiencia así.

Además, me da la sensación de que es parte de su juego. Intentan ganarme entre ellos y llego a sentirme como un trofeo. Empiezo a sentirme incómodo y, habiéndo quedado ellos satisfechos y sin mucha energía, aprovecho para marcharme.

La sorpresa

Una de las experiencias más raras de mi vida. El trío casual, lo que me dejó a cuadros fue lo que pasó después. Es de madrugada, estaba volviendo a casa cuando me contactan de una app de ligues. Miro quién es por curiosidad, pero estaba tan cansado que solo quería dormir. La novedad me lo impide.

Son dos follamigos, chico y chica. Viven al lado y les encantaría conocerme. “Oh, shit. Here we go again.”

Muy agradables y atractivos. Hablamos y disfrutamos bastante. También bebimos bastante. He olvidado la mayor parte de los detalles hasta el final. En medio del acto, golpes y voces en la puerta. Es el padre de ella, que resulta que estamos en su casa y ha ido a pasarse a ver cómo está.

Ella se viste, al otro tío y a mí no nos da tiempo y nos escondemos en la cocina. Oímos al padre entrar, a la hija decirle que no se enrolle, que está con unos amigos. El otro y yo en bolas. El padre ha traído compra para su hija así que entra en la cocina para colocar las cosas.

Al ver allí a dos tíos en bolas, tapándose sus partes como Albert Rivera en aquel póster, tiene la misma reacción que habría tenido si hubiésemos estado vestidos y en otro lugar. Se nos presenta y hace amago de estrecharnos la mano. Nunca he tenido un apretón de manos tan incómodo como aquel, tendiéndole la mano con la que antes me cubría mis vergüenzas, desnudo en su cocina.

 

Tío Vivo