Tiempo atrás tuve una pareja con la que estuve algunos años.  A nivel íntimo el primer año bien, pero a partir de ahí todo empezó a decaer de forma estrepitosa… Y con estrepitosa me refiero a que si un sábado por la noche estábamos solos porque a mi hijo le tocaba con el padre yo le tiraba las bragas a la cara era capaz de devolvérmelas pensando que se me habían caído.

Y seguía viendo DocumentosTV como si nada. Un desastre… Así que después de hablar mil veces con él, decirle que estaba totalmente insatisfecha, de preguntarle si yo le gustaba, si le gustaba otra, de excusas como “es que hay poco trabajo”, “es que hay mucho trabajo” y ver que lo único que hacía era darme largas y de que eso no iba a cambiar, dije “hasta aquí hemos llegado amigo” y decidí que la que iba a dar por c*lo era yo. Y no había nada que más coraje le diera que el que yo usara algún tipo de juguete sexual. Porque si, el hombre ni comía, ni dejaba comer… (Nunca mejor dicho).

Por aquel entonces yo tenía un mini vibrador que no usaba demasiado pero que para alguna falta que otra, hacía el apaño. Pero claro, la cosa estaba tan mal ya que eso empezó a usarse con mucha más frecuencia y terminó “quemado”. Eso sí, se fue como un héroe el pobre mío… Así que ahí estaba yo, en estado sexual crítico, con un novio que no me tocaba ni con un palo y con mi vibrador roto. Una tragedia…

Pasaron unas semanas y además de la retención de líquido que tenía, ya gastaba yo una mala leche que no había quién me chistara…Y encima me había vuelto a insinuar buscando marcha y el otro me había vuelto a dar largas… Fue la gotita que colmó el vaso, así que en ese momento decidí dos cosas: que le iban a dar por donde amargan los pepinos al señor que se acostaba a mi lado y como reemplazo me iba a comprar algo… pero ya pasando de vibradores pequeños, que bastante hambre estaba pasando ya… esta vez iba a ser un ¡SEÑOR CONSOLADOR! En mayúsculas y con todas las letras. Lo que en Andalucía llamamos “una p*lla como una olla”. … 

Ese último día de rechazo, mientras él veía DocumentosTV, le pedí  su tablet  para “hacer unas gestiones”. Traducción de “hacer unas gestiones”: buscar en miles de tiendas online  todos y cada uno de los modelos de consoladores habidos y por haber. Pero no en modo oculto, ni mucho menos… Se quedó un historial precioso que obviamente no me molesté en borrar. Al final me decidí por un poll*azo con varios niveles de vibración y realista de más. Lo compré, apagué la tablet y se la devolví… sin haber cerrado la ventana de compra previamente. ¡Un descuido lo tiene cualquiera! (guiño, guiño, codazo, codazo). Una semana se tiró sin hablarme, sólo daba bufidos. Tampoco me preocupaba mucho… ahí se acabó todo. Yo en mi casa y él pa su pueblo.

Lo que no acabó ahí fue la historia con mi consolador… Una mañana de estas tontas que el niño estaba en el cole lo había usado y después de lavarlo escuché que llamaban al teléfono, así que lo metí en el cajón de la mesita de noche para guardarlo en el sitio de seguridad más tarde y atender al teléfono. SPOILER: SE ME OLVIDÓ

La situación fue la siguiente: yo doblando ropa por la tarde, mi hijo viene y me pregunta si puede ayudarme… Y yo, que me había olvidado totalmente del aparato, no tengo otra cosa que decir que: “gracias cariño, guarda mis calcetines en el segundo cajón de la mesita de noche”.

 La mesita de noche tenía cuatro cajones. Mis calcetines estaban en el segundo empezando por arriba, pero el niño abrió el segundo empezando por abajo.

Yo seguía doblando ropa en el cuarto de al lado, ajena a todo, cuando me aparece la criatura con los calcetines en una mano y el p*llazo en la otra mano, alzada como si fuese la sota de bastos, y me pregunta: “Mami… ¿qué es esto?”. Y de ese momento poco recuerdo, más que la breve conversación antes de arrebatarle eso de la mano:

  • Eso… eso… ¡es un juguete para la Nana! (La perra de mis padres)
  • Mami, esto es muy grande para la Nana, esto no le cabe en la boca. 

Yo en ese momento tuve que aguantar la risa… ¡¡¡eso no le cabe en la boca ni a la Nana ni a nadie!!!

  • Si cariño, por eso lo tengo ahí, para descambiarlo por otro más chico, dámelo no se vaya a romper y no lo pueda descambiar…

Y desde entonces, sólo puedo dar gracias  de la suerte que tuve de que el niño se creyera la excusa, se olvidara del “juguete” y no me lo volviera a mencionar jamás.

 

VirPino