Había escuchado testimonios sobre las bondades de Vinted y hacía tiempo que quería abrirme un perfil, así que un buen día me traje prendas interesantes y en buen estado de la casa de mis padres. Lo primero fue hacer las fotos y tomar medidas. Lo segundo nada, ahí lo dejé. ¡Qué pereza abrir perfil y redactar descripciones!

Un año y medio pasó hasta qué recuperé las fotos del móvil y volví a tomar medidas, porque extravié el papel donde las anoté. Me viene arriba subiendo prendas y puse unas 20 del tirón sin expectativas de ningún tipo, así que la sorpresa fue mayúscula cuando vi que una de ellas acumulaba decenas de “Me gusta”.

La perspectiva de venta inminente hizo que ni esperara a comprar algo para mí, lo que me había prometido hacer solo si vendía antes. Me quedé sorprendida con todo lo que se puede encontrar en ese inmenso mercadillo online de segunda mano.

Lo que sí

Las que ya lo tenéis sabréis de lo que hablo. Las que nunca lo habéis usado, no sabéis la cantidad de cosas que hay ahí. A mí me abrió un mundo nuevo. ¿Necesitas un vestido amarillo de manga corta? Búscalo, ¡hay miles! Ni siquiera poniendo filtros dejan de salir cientos y cientos de resultados, y filtros hay muchos (otra ventaja). El de estado de uso, talla y precio son los que más uso, pero también hay por marca, color y material.

La otra gran ventaja, además de la variedad, es el precio. Puedes encontrar prácticamente de todo a muy bajo coste, ya que muchos de los artículos están amortizados y sus dueñas solo aspiran a sacar calderilla por ellos.

Si algo te parece caro, puedes solicitar una rebaja de manera automática, tanto en los botones predeterminados como poniendo tu propio precio. Esta práctica es criticable para mucha gente, que llama “rata” a quienes la hacen. “¿Pero cómo puedes pedir rebajas por algo que ya cuesta menos de 5 o de 4 euros?”. ¡Pues es que esa es la gracia de la plataforma! ¿Dónde está lo divertido, si no? El regateo es un arte noble y, ante el defecto de pedir, la virtud de no dar.

Lo increíblemente fácil que funciona la plataforma es otra ventaja. Pones ropa, compras, vendes, envías, pagas o recibes el dinero, no hay más. Yo me pasé un día entero viendo vídeos de embalajes en TikTok, pensando “Pero si vendo prendas a 2€, ¿cómo voy a gastar dinero en un sobre?”. ¡Pero es que no tienes que gastar en sobres! Yo he apañado embalajes con bolsas de papel o de plástico que tenía guardadas de cosas que me han llegado a mí. Como mucho, imprimir la etiqueta te cuesta 20 céntimos, y si envías a través de Correos ni siquiera hace falta imprimir. Lo demás lo avías con cosas que tengas por casa y santas pascuas.

Lo que no

Los gastos de envío son abultados. Se te pueden hacer los ojos chiribitas al ver una blusa que te encanta por menos de 2€, pero luego, al ver el precio final, tu gozo en un pozo.

La frialdad de la mayoría de usuarias con la que me he topado también es manifiesta. Muchas te preguntan los detalles más rebuscados sin por favores ni gracias, a saco. ¿Cómo te voy a pasar la foto de un top en el que hace 10 años que no quepo, hija?

Encima, luego no tienen la deferencia de decirte que todo está bien y ponerte las 5 estrellas que claramente mereces (te las asigna la plataforma automáticamente si todo va bien). Yo me he currado algunos “packaging” sin que nadie me lo haya pedido, obviamente, solo por tener un detalle. No aconsejo que lo hagáis porque no merece la pena invertir tiempo ni esfuerzo.

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Lo peor es no saber en qué estado se encuentra lo que compras, un riesgo que supimos asumir desde que empezamos a comprar online hace ya años y años. Sin embargo, a diferencia de una tienda conocida, aquí las garantías son escuetas. La plataforma te da la opción de solicitar la devolución si el artículo tiene defectos evidentes de los que no se informó, pero, comprando a 2€, ¿para qué se va a meter una en jaleos?

Yo me compré unas zapatillas que estaban nuevas, con el embalaje y en su caja. Una de esas de diario que quieres para limpiar, que te cuestan 5€ en cualquier mercadillo. Llegaron, vi que estaban bien y, directamente, le asigné 5 estrellas a la vendedora. La plataforma me avisó: “¿Segura? Luego no hay vuelta atrás?”. Y yo que sí y que sí. Pues bien, ni un paseo me duraron. Salí con ellas a poco más que a tirar la basura y se me despegó la suela. Se lo dije a la chica en el chat no para devolvérselas, porque me costaron 5€ (gastos de envío incluidos), sino para que lo supiera. Y ella me dijo que lo sentía, que estaban sin desembalar y que las pegara. “Oh, ¡qué buena idea! ¿Cómo no se me había ocurrido a mí”. Las zapatillas debían de llevar almacenadas desde tiempos de Aristóteles.

También me pasó que la compañía de transporte me devolvió un artículo con otro packaging supercurrado y cuqui, porque a la tía que lo compró no se le ocurrió ir a recogerlo. Se quedó en el punto de recogida no un día, ni dos, ni tres, ¡una semana por lo menos! Y como no puedes estar ocupando espacio indefinidamente, se lo llevaron y volvió a mí. Me escribió por el chat: “He estado muy liada y no he podido ir a recogerlo”. A ver qué quería que hiciera yo.

¿Conclusión?

Por la enorme cantidad de cosas que se pueden encontrar, la facilidad de uso y la posibilidad de sacar calderilla de cosas que ya no usas, la plataforma es un sí. Yo la contemplo como herramienta para reutilizar: en lugar de comprar cosas nuevas y fomentar el bucle de la moda rápida, tan perjudicial para el medio ambiente, prefiero darle una segunda vida a otras cosas. Solo tengo que actuar con conciencia. Si aprovecho el dinero que gano para comprar caprichos y no cosas que verdaderamente necesito, no tendrá sentido para mí.

¿Alguna la usa? ¿Qué trucos usáis para aprovecharla y evitar que os la peguen? ¿Y para vender?