Mi madre siempre ha sido dura de pelar. Es cariñosa y se desvive por los suyos, asumiendo incluso cuidados que no le toca asumir. Pero es difícil en las discusiones y, lamentablemente, siempre está disponible para el conflicto. Hay personas que se desenvuelven bien en ambientes hostiles, casi que los prefieren, y mi madre es una de ellas.
Critica a las espaldas siempre con mucha vehemencia, es uno de sus pasatiempos. Chincha continuamente y se toma cualquier opinión contraria a la suya como un ataque. En eso, es como una niña: le llevas la contraria por cualquier cosa o le dices que no, con toda la asertividad del mundo, y se enfada y deja de hablarte durante horas. Con el paso de los años, lejos de perder energía y buscar unas posiciones más equilibradas y sosegadas, es más intensa. A veces, estar con ella resulta agotador.
Yo aprendí hace mucho a poner límites con mi madre y sigo siendo muy cercana a ella, pero no todo el mundo se siente obligado a “aguantarla” como lo hacemos en mi familia. Ya me he dado cuenta de algunas cosas, y ella también, así que me apena ver que se está convirtiendo en esa persona a evitar. Como esa vecina por cuya puerta siempre pasas sin hacer ruido porque sabes que, como te vea, te va a tener 20 minutos allí charlando.
Extenuante
El que más me llama para rajarme de ella es mi padre, que no puede más. Me cuenta algunas cosas porque sabe que yo la conozco y tengo con ella los mismos problemas que él. No lo hace con mala intención, solo para desahogarse. Cuando yo soy la que se queja de algo, me pide que tenga paciencia, la misma que yo le pido a él.
La queja principal de mi padre viene de que, en cualquier discusión, por nimia que sea, mi madre se enciende y despotrica como quien activa un cañón, faltando a diestro y siniestro. Es habitual que se pase cuatro pueblos con las cosas que dice. Luego, cuando lo ve con perspectiva, trata de quitarle hierro y reformula: “No, lo que yo te quería decir era esto”. A veces, directamente, hace algo parecido a la luz de gas: “No, eso no fue lo que te dije, te dije aquello otro”. Otras veces, simplemente, se escuda en que ella necesita soltar lo que tiene porque, si no, tendría que quedárselo dentro y eso la haría sufrir. Es su manera de desahogarse, el daño que haga es colateral.

Hace poco me di cuenta de que una de sus mejores amigas la está ignorando hasta el desaire. Ella no me ha comentado nada, es posible que no se haya dado cuenta, pero lo he notado. La amiga en cuestión está desaparecida en combate, cuando antes la veía con bastante frecuencia. Cuando coinciden en algo, nunca la veo charlando con mi madre como antes. Hace poco, estando en una celebración, mi madre se acercó a hablar con esta amiga y una tercera persona, pero, al poco de llegar, la reunión se disolvió. Algo le ha pasado, pero no sabemos qué es.
Últimamente, además, me da la sensación de que se ha convertido en la comidilla para personas de nuestro círculo. Hace poco, por ejemplo, tuvo la indiscreción de preguntarle a una de mis primas por un tema muy personal. En la siguiente reunión, se le escapó un comentario sobre el tema, mi prima se enfadó y vino a decirme algo como “Ea, ya ha hecho la señora de las suyas”, estando ella delante. Mi madre, encima, se enfadó con ella y le dijo que no era para tanto. Después de aquello me dijo que cree que mi prima se ríe de ella, y la verdad es que me dio pena saber que se sentía así.
Me gustaría que os imaginarais a la típica señora de edad que suelta cualquier cosa que se le pase por la cabeza, sin perdón, permiso ni filtros. Molesta y, al momento, genera comentarios alrededor de gente que se va contando el numerito entre sí. Y, encima, si alguien la reprende y tiene que discutir, discute sin recular, empeorándolo todo.
Visualizo episodios desastrosos en un futuro próximo. Me imagino paseando con ella, ya viejita y con poca agilidad, que se acerque alguien a saludarla y, al despedirse, diga algo del tipo “Uy, esta, qué gorda se ha puesto”, o similar. Lo dirá bien alto, de forma que aquella se entere y le suelte cualquier cosa o se vaya por donde ha venido con toda su indignación.

Difícil
La situación con ella se está poniendo cada vez más complicada y yo no sé cómo lidiar con ello. Si sigue siendo la comidilla, voy a sufrir porque es mi madre y no quiero que sea el objeto de las malas lenguas. Ya tengo tías-abuelas maternas que lo han sido por tener una manera de ser muy parecida a la de ella. Eso sin contar lo agotada que quedo después de cualquier discusión con ella.
Yo no puedo ayudarla porque no se toma bien nada de lo que le digo, da igual el tono o las palabras que emplee. Siempre acaba diciéndome que es que yo soy perfecta. Le he sugerido infinidad de veces que vaya a terapia, pero no lo hace. El caso es que personas que ella tenía en su vida, que sobrellevaban sus carencias por todo lo bueno que les aportaba (que también es mucho), parecen estar decidiendo que no pueden con ella y se borran de su vida. Van eligiendo las batallas que quieren librar, y las que plantea mi madre no están en la lista.
Me preocupa que ella vaya a sentirse cada vez más sola, o que se dé cuenta de los comentarios que genera y eso afecte a su autoestima y la haga sufrir. Tiene muchas cualidades y no pienso dejarla sola, pero no sé cómo la puedo ayudar.