Ahorraos todos los comentarios juzgándome porque sé perfectamente que hice mal, pero ahora no sé cómo salir de esto. Pasé gran parte de mi vida con mi ex, hablábamos de futuro, de hijos, familia… y aunque siempre hemos estado a gusto el uno con el otro, la rutina nos dañó. Poco después de haber dejado la relación, conocí a mi actual marido, con el que volví a sentir. Estuvimos varios años de relación hasta que me pidió matrimonio. Acepté.

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Mi ex y yo manteníamos una relación cordial, nos felicitábamos cumpleaños y fiestas, poco más. Si nos veíamos en la calle nos saludábamos, nos preguntábamos qué tal todo y en menos de 5 minutos ya nos despedíamos. Sin embargo, la última vez que nos cruzamos en la calle y me preguntó qué tal estaba, le dije que me casaba. No sé qué me pasó, que empezaron a caérmeme las lágrimas y me fui sin despedirme.

Unos meses más tarde, coincidiendo con mi cumpleaños, recibí un mensaje suyo: “Feliz cumpleaños. Espero que tengas un buen día. Me alegraría verte un momento antes de tu boda, solo para despedirnos bien. Si no te apetece, lo entiendo.” ¿Qué significa “para despedirnos bien”? Hace 8 años que no estamos juntos. No le contesté.

Sin embargo, pasaron los meses, la boda se acercaba, los preparativos me absorbían, mi familia y la suya querían opinar de todo, el agobio del vestido, el estrés de tenerlo todo listo… que decidí contestar a aquel mensaje. Todas mis amigas estaban más eufóricas que yo con la boda, pero solo pensar en escuchar otra vez la palabra “boda” me daba náuseas.

Quedamos a las 17:00 en un bar al que solíamos ir. Nos pedimos lo de siempre, caña larga en vaso de tubo y unas aceitunas. Él me preguntó sobre mi vida y yo le pregunté por la suya. En algún momento de aquellas conversaciones, algo dentro de mí se preguntaba por qué lo dejé marchar. Una caña se fue sumando a otra, y a las 22:00 tuve que avisar a mi actual marido de que llegaría tarde, puesto que me había encontrado con unos viejos amigos. Así, en plural. Por algún motivo, a pesar de tener una confianza total el uno con el otro, no vi oportuno decir que estaba con mi ex y con más alcohol que sangre por las venas.

El bar cerró a las 02:00 y me propuso tomarme la última en su piso, en el que antes habíamos vivido los dos. Me pareció bien, total no iba a pasar nada. Al volver a hacer ese camino, esas escaleras, el giro de la puerta, el mismo ambientador del salón, el mismo orden de los muebles y alguna foto (yo no salía) de viajes que compartimos colgadas en el salón. Me emocioné. Me salieron todas las lágrimas que llevaba acumuladas del estrés de estos días. Me abrazó, me miró y me besó. No lo paré ni me aparté. Me dejé besar. Nos quitamos la ropa y volvimos a nuestra habitación. Cuando acabamos nos despedimos con dos besos. Me tenía que ir, mi marido me estaba esperando.

Poco más de un mes más tarde, a escasos 4 días de la boda, supe que estaba embarazada. Cuando se lo dije a mi marido saltó y gritó, lo llevábamos buscando meses. Sin embargo, cuando me hicieron el recuento de semanas en la primera ecografía, un escalofrío me recorrió el cuerpo al darme cuenta de las fechas. Sin embargo, no dije nada.

Me casé, mi hija nació y en parte estoy muy agradecida de que sea niña. Tiene algún rasgo de mi ex, aunque supongo que si fuese un niño se le notaría más. Desde aquella cita en la ecografía algo cambió en mí y en mi relación. Hace 2 años que guardo este secreto y tengo miedo de que algún día vuelva a cruzarme con mi ex y pueda reconocer sus rasgos en ella.