Creo que todos tenemos en mente la película Mulán, ¿verdad? Esa chica que decide sustituir a su padre en la guerra: empieza siendo torpe, pero acaba liderando la batalla final contra los Hunos… y ganando.
Ah, y no olvidemos algo importante: para luchar, se corta el pelo.
Y justo ahí empieza mi historia.
A los tres años me diagnosticaron Leucemia Linfoblástica Aguda (cáncer de médula ósea), y a los seis tuve una recaída. Esta vez, mi médula decidió seguir dando guerra, así que tuvieron que hacerme un trasplante.
¿Y qué tiene que ver todo esto con Mulán?
Pues muy sencillo. Para muchas niñas, el pelo lo es todo, y enfrentarme al “cero absoluto” me ponía los nervios de punta. Me dio muchísima ansiedad. Entonces, mi tío, con una mezcla de ternura y sabiduría, me puso la película y me dijo:
“Eres Mulán. Vas a luchar, y al igual que ella, te has cortado el pelo para ganar tu batalla.”
Y así empezó mi historia de superación.
(No entraré en demasiados detalles, pero imagina medicinas horribles, sesiones eternas de quimio y radio, y —lo peor de todo— el rechazo al trasplante.)
Eso me llevó a un “casi ictus” que me dejó una semana sin memoria. Y, aunque suene increíble, la recuperé poco a poco gracias a dos conejitos de peluche que tenía desde bebé.
Dondequiera que estéis, Pepes, gracias por todo. 💖
¿Por qué os cuento esto?
Porque quiero daros esperanza si estáis pasando por algo parecido, o si alguien cercano lo está viviendo. Desde el principio, a mí me dijeron que no iba a sobrevivir.
Que era imposible.
Y yo, dentro de mí, solo pensé:
“Sujétame el cubata (o el batido de chocolate en este caso).”
Y lo conseguí.
A día de hoy, los médicos aún se sorprenden de que siga viva. Tenía todas las apuestas en mi contra, pero, como buena heredera de Mulán, luché y vencí.
Quiero dejaros este mensaje: aunque todo parezca oscuro, buscad ese pequeño rayo de luz al que agarraros.
A veces es una persona, una película, o incluso un par de peluches.
No todo en la medicina es blanco o negro, y aunque los enfoques han mejorado, todavía hay quienes te “sentencian” al verte. No dejéis que eso os robe la fe.
Así que, poneos vuestro uniforme de guerra, coged la espada y luchad.
Recordad siempre que la flor que florece en la adversidad es la más bella de todas.