Los cincuenta están muy bien para unas cosas, pero son difíciles para otras. Por ejemplo, es cierto que es una etapa de gran libertad: los hijos ya son mayores, una se conoce y se quiere más que nunca… y se supone que es el momento de volver a reencontrarte con tu marido, al cual medio perdiste durante todos esos años de crianza en los que no se paraba de hacer malabarismos para conciliar y encontrar huecos. Era la época en la que habíamos pensado los dos que por fin íbamos a viajar, a estar a solas de nuevo.

Pero ha habido un cambio de planes, y es que me ha dejado por otra mujer. Y no por una mujer de nuestra edad, sino por una chica joven, en concreto una de 22 años, amiga de nuestra hija.

Cierto es que mi ya exmarido está de buen ver. No está gordo ni calvo, viste bien, siempre va perfumado. No es un adonis, pero se cuida, hace algo de deporte y, además, es muy seductor. Qué os voy a decir si a mí me sedujo durante 25 años.

Yo tampoco estoy mal, también me cuido y tengo mi público. De hecho, siempre hemos mantenido la llama encendida, ambos somos personas muy sexuales. Solíamos bromear diciendo que íbamos a ser unos viejos potentes y que, ya que llevábamos tantos años juntos, ¿para qué cambiar? Cuando salían en la tele casos de parejas con mucha diferencia de edad, él siempre decía que las parejas deben ir acompasadas, que no entendía eso de llevarse tantos años.

Pues bien, todo eso se le ha caído encima.

Empecé notándolo esquivo, raro, callado. Pensé, tonta de mí, que sería precisamente la edad, porque igual que nosotras tenemos la menopausia, ellos, de alguna manera menos evidente, también pasan por cambios hormonales.

Se puso a hacer deporte como un loco, mucho más de lo habitual, con la excusa de “entrar en los 60 en forma”. Tras tantos años juntos, algo me temía. Ya una vez me fue infiel, con treinta y pocos, en el postparto de nuestra última hija. Se buscó fuera lo que no tenía dentro. Mientras yo sobrevivía con tres criaturas y un postparto, él decidió liarse con su compañera de trabajo. Al final me lo confesó arrepentido, y yo le perdoné. Primero porque tenía dos niños pequeños y un bebé. Y luego porque siempre he estado muy enamorada de él.

Esta vez volvía a olerme algo, pero jamás imaginé con quién. Pensé en alguna comercial, en la monitora del gimnasio… pero no.

Llegó un momento en el que le pregunté directamente. Me dijo que sí, que se estaba viendo con otra persona, pero que esta vez la cosa iba a más, que se sentía enamorado y que quería dejarme para empezar una relación formal con ella. Cuando me dijo quién era, no me lo podía creer: una amiga de nuestra hija. Una compañera que ha venido a dormir a casa, que ha ido con nosotros de vacaciones, que él ha visto crecer.

¿Significa esto que ya le gustaba desde antes? No lo sé. Ni quiero saberlo.

Lo único que sé es que, dentro de que mi marido me deje por otra, que lo haga por una chica a la que dobla la edad de largo, a la que ha visto hacerse mujer… es un dolor insoportable.

Ahora no sé qué hacer con este sentimiento de insuficiencia, de que yo ya juego en otra liga y él quiere revivir una juventud que a mí se me escapó a su lado. Y encima estoy sola para afrontar esto, porque está siendo el gran palo de mi vida.