Nunca pensé que acabaría escribiendo esto pero sinceramente… creo que lo merece y más en mi página favorita.

Llevaba semanas con la idea en la cabeza. Cera en el ano. La zona prohibida. La puerta trasera. El triángulo de las Bermudas. Porque sí, soy de las que cuando se depilan el chichi piensan: ya que estamos, todo fuera. Y claro una cosa lleva a la otra… y dio la casualidad de que la última chica que me depiló el juju me dijo que si quería la siguiente vez me lo haría completo. Pues palante.

Total, que pido cita. Centro monísimo. Luz tenue. Música de spa. Pero yo estoy sudando como si me fueran a hacer un exorcismo.

La chica majísima me dice: “si quieres, nos ponemos primero con las ingles”. Yo: sí, sí, como si eso fuera un calentamiento suave. Que divertido tampoco es, pero al final con los años haces callo y ya ni vergüenza te da.

El caso es que llega el momento. Me dice: “ponte boca abajo con el culo en pompa, y si puedes agárrate los cachetes como si estuvieras abriendo un ascensor que se ha quedado cerrado”.

¿Perdona?

¿Tú sabes lo que es mantener la dignidad mientras te estás abriendo el culo con una mano, en una camilla, con música de Ludovico Einaudi de fondo? Terrible es poco.

Pasa la primera banda. ZAS. Me sale una carcajada nerviosa, tipo susto. Ella se ríe también. Me dice que soy muy valiente porque no he gritado, no sé yo si valiente es la palabra con la que me definiría a mi misma en ese momento.

Lo peor no fue el dolor. Fue cuando al acabar me ofreció un espejito. “Por si quieres ver cómo ha quedado”. Mira reina, si no hay purpurina ni luces LED, prefiero seguir con el misterio.

Pero bueno, salí andando raro, me senté como si tuviera hemorroides y dejamos para otro post el verdadero drama de todo esto: CUANDO VUELVEN A SALIR LOS CAÑOTOS y sientes un fucking erizo entre las cachas. Pero creo que por hoy ya os he regalado suficiente intimidad.

Os quiero!

Anónimo

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