Lee aquí la parte 1

 

La investigación fue exhaustiva. Por separado, fuimos revisando todos y cada uno de los tuits que me habían escrito. Todas las menciones, comentarios y retuits. Una minoría pertenecía a gente normal, con perfiles normales, con fotos y amigos. Sin embargo, descubrimos que había un twitter en especial que era el que más me acosaba. Sus tuits contra mí se repetían constantemente, ocupando por lo menos un 80% del hate que recibía.

Su nombre era raro, pero tenía algo que me sonaba. No tenía foto, pero su contenido fue lo que me impactó. Absolutamente TODOS sus tuits hablaban de mí. Hasta sus retuits eran de tuits míos criticándome. Parecía que se había creado su perfil con un solo objetivo: joderme a mi.

Me lo leí todo de arriba a abajo y flipé. Era como un diario clandestino dedicado a odiarme. A veces escribía sus pensamientos, y los tuits eran horribles, desde “con hermanos así para qué quieres enemigos”, hasta “Ojalá se muriera este ser”, “Seguro que es una foca con granos en la cara y por eso le tiene tanta envidia a su hermana”, “Ojalá me encontrase a este ser por la calle porque me encantaría reventarle la cara contra un bordillo”, etc.

Pero no encontré ninguna prueba de nada. Ningún hilo desde el que tirar. Nada. Aquello me frustró muchísimo, pero no quise rendirme.

Un día, al volver de clase, me dispuse a hacer los deberes directamente, porque no tenía ni hambre, y mi madre no estaba en casa. Haciéndolos, se me gastó el tippex y fui a cogerle uno a mi hermana, porque no me quedaban. 

Cuando estaba apunto de abrir su puerta, escuché sus carcajadas a todo volumen. Decidí pararme a escuchar.

  • “JAJAJAJA, es que se lo merece, tía, por perra”
  • “¿Tú crees? Ojalá lo acabe haciendo, así iría para mí toda la herencia JAJAJA” -. “¿Cómo?”- pensé, y continué escuchando.
  • “¿De qué se va a dar cuenta?, si es una imbécil. Tendrías que haberle visto la cara el día que vio la fachada de enfrente. Hicimos un buen trabajo JAJAJA”

No me lo podía creer. ERA ELLA. Había sido ella desde el principio. 

La ira inundó mi cuerpo, dándole más fuerza que nunca. Se me nublaron la cara y el juicio. Mis ojos brillaron y brotaron de ellos lágrimas de pura furia. 

Abrí las puertas de par en par, y me abalancé sobre ella. Mi hermana se quedó en shock, con el teléfono en mano, y no supo reaccionar en primera instancia. Le di de hostias, de puñetazos, y hasta llegué a morderle en el antebrazo, con toda mi ira . No le hice sangre pero los dientes se le quedaron bien marcados.

Lo mismo esto es muy fuerte, pero quise hundirle los ojos. Aunque no lo hice. 

Al poco ella abandonó el shock y me atizó como pudo con toda la maldad que cabía en su cuerpo, que no era poca. Me arrancó un mechón de pelo y yo cogí lo primero que pillé a mano, que fue su grapadora.

Mi primer instinto fue graparle la maldita boca para que no la abriera más en su vida, pero me dediqué a intentar atizarle con ella solamente. 

Mientras forcejeábamos, le dije:

  • “¡Eres una hija de p*ta! ¡Eres mala! ¡Eres un demonio! ¿Cómo has podido hacerme todo esto?”
  • “La hija de p*ta has sido tú, que no has parado de criticarme en tu twitter de mierda delante de todo el mundo, puta”
  • “¿Delante de quién, so gilip*llas? si eran desconocidos, todo era anónimo”
  • “¿Ah sí, desconocidos? Pregúntale a tu querida amiga Alicia, que ella lo leía todo y me lo contaba. ¿Ella es una desconocida, imbécil?”
  • “¿Qué?” – Aquello me heló la sangre, tirando toda mi ira por el desagüe.

En su cara apareció una sonrisa malévola. Sabía que me había hecho daño y lo estaba disfrutando. Me retiré.

  • “Qué coño estás diciendo, X?”
  • Lo que oyes. Tu tenías a tu mejor amiguita en ese twitter y ella flipó con lo que decías sobre mí, así que le pareció justo contármelo, sabiendo la mierda de hermana que tenía en mi vida. Menos mal que por lo menos ella es una persona decente.

Me derrumbé. No podía creer lo que escucharon mis oídos. ¿Me estaba diciendo que mi amiga Alicia había sido cómplice de todo esto? No me lo podía creer.

Me fui a mi cuarto y no paré de llorar.

Al día siguiente, esperé al recreo para hablar con Alicia.

Y me lo reconoció. Me dijo que le parecía horrible todo lo que escribía de ella, y que se lo dijo no con la intención de que pasase eso, si no con la intención de que hablara conmigo. Ya. “Pero ¿y el acoso?” pregunté.

Me dijo que no había sido planeado, pero que la enfurecí también a ella porque mi hermana le contó cosas que yo había dicho de ella cuando hablaron (que obviamente eran mentira), y que le parecí una envidiosa y una falsa, así que decidieron darme de “mi propia medicina” aunque no sé muy bien qué tenía que ver eso con lo otro.

Estaba tan en shock que no pude articular palabra. No entendía nada. 

Le dije que cómo podía hacerse llamar mi amiga.

Y me dijo que ya no lo era, que sólo quería tomarse su venganza, y que nuestra amistad había terminado. Que a partir de ahora como si no nos conociéramos, que se iba a ir con otras chicas en el recreo también.

Su frialdad me dejó a cuadros. 

Se dio media vuelta y se fue.

No quiero decir cómo pasé el resto de horas hasta la salida del instituto, porque ni lo sé.

Sólo sé que ellas después se hicieron amigas. Y que años mas tarde, salían juntas y vomitaban en redes sociales sobre su amistad y sobre la verdadera lealtad.

Yo me hundí. Me cambié de instituto y JAMÁS volví a hablarle a mi hermana. Se lo conté a mi madre y aunque me dio la razón, no supo gestionarlo muy bien con mi hermana. Le calló una bronca grande y un castigo, pero sin más. Ella quiere que volvamos a hablarnos, pero no pienso hacerlo jamás. Es que no la tengo ni en redes. Ni su número de teléfono tengo siquiera.

Cuando me lo pude permitir fui a terapia, y gracias a Dios hoy día vivo en otra ciudad, con otros amigos, y con una pareja que amo con locura.

A mi casa voy en navidades, pero en fechas diferentes a las que va mi hermana.

Jamás la perdonaré.

Juana la cuerda