Tengo un colega con el que compartimos el mismo gusto por un grupo de hard metal del que no conozco a muchos seguidores, y menos en mi ciudad. Así que imaginaréis la alegría que me dio, en su día, saber que a él le gustaba ese grupo tan de raritos, como dice mi hermana.
Bueno, chica, para gustos, colores, digo yo.
Mi colega y yo somos del mismo grupo de amigos de siempre que, con algunas nuevas incorporaciones y alguna que otra baja, se ha ido manteniendo con el paso de los años. Quedamos de vez en cuando y, en general, nos llevamos muy bien. Comidas, casas rurales, cumpleaños, bodas… lo típico.
Yo no soy una persona especialmente extrovertida, pero creo firmemente que mi grupo de amigos es mi lugar seguro, y ahí me permito ser como soy, sabiendo que estoy en confianza.
Pero a la mujer de mi amigo no le caigo excesivamente bien. No somos amigas íntimas precisamente. No es que nos llevemos mal, tenemos una relación cordial, pero parece ser que no entiende, o simplemente no le gusta, que mi colega y yo nos tengamos tanto cariño.
Es curioso que solo le pase conmigo, no con el resto de integrantes femeninas del grupo. Pero, jope, si es que nos conocemos casi desde la adolescencia. Éramos unos criajos, y el paso de los años ha hecho que vivamos cosas juntos —los del grupo inicial— tanto buenas como malas, y nos conocemos demasiado bien.
No le gustan nuestras muestras de afecto que nos salen de manera natural. Bueno, que las tenga con los otros amigos, no pasa nada. Que las tenga con su marido, o él conmigo, pues ya es otra cosa.
Yo, de manera sutil, ya le intento hacer entender que no me quiero follar a su marido, que es mi amigo. Que por esa parte tiene que estar tranquila. Pero sigue sin gustarle que su marido me abrace porque sí, por ejemplo.
Así que he llegado a un punto —llamadme tonta— en que, para que no se violente y se sienta más a gusto, con su marido me corto e intento no tener esos gestos. Y cuando él los tiene conmigo, intento cortarlos un poco. Aunque eso, a veces, ha enrarecido la relación que tengo con él.
Pero ¿qué pasa? Que nuestro grupo favorito viene por primera vez en muchos años a nuestra ciudad y que dará un par de conciertos. El otro día me lo dijo mi colega súper emocionado en una comida del grupo. Y empezamos a buscar entradas mientras el resto del grupo se reía de nosotros y nuestra frikada particular.
Y el gesto de la cara de su mujer se empezó a torcer.
Estábamos planeando la salida (quedar antes, cenar algo, ir al concierto, comprar merchandising, tomar una cerveza después para comentar las mejores jugadas) cuando su mujer no aguantó más y empezó a soltar frases cortarollos.
Que si es imprescindible que vayamos. Que si no conocemos a nadie más que le guste para acompañarnos. Que si vamos a ir los dos solos. Que si hace falta tanta preparación. Que si es necesario que vayamos al mismo concierto los dos.
No queríamos darle mucha importancia, pero mi ilusión se empezó a enfriar. El resto del grupo también se dio cuenta. Al final, dejé de hablar del tema para no alterar más los ánimos.
Pero ahora no sé qué hacer. ¿Tengo que renunciar a algo que me gusta e ir acompañada de mi amigo por las inseguridades de otra persona? Porque la alternativa es ir sola a uno de los conciertos.
Imagínate que no voy con él. ¿Qué voy a conseguir? Nada. Porque a ella continuará pareciéndole mal la relación que tengo con mi amigo. Así que habré renunciado yo para seguir igual.
¿Y si voy con él, qué? ¿Le va a montar pollo a él y puede intentar montármelo a mí? ¿Y después? ¿No querrá volver a quedar con el grupo?
Mi marido me aconseja que, en pro de la buena convivencia, vaya yo sola. Pero tengo un par de amigos que me dicen que le den a la mujer. Y el resto, no opina. Que tengo que decidir yo.
A mi amigo no le pregunto, porque sé que él quiere que vayamos juntos.
Sigo sin decidirme.