Chicas, vengo a contaros algo que me ha pasado y necesito ayuda. Siempre he tenido el pecho muy grande. Y cuando digo muy grande, es muuuuuuy grandeeee. Si en la vida me hubieran dado a elegir entre ser una tabla de planchar o una vaca lechera, sin duda, preferiría mil veces ser una mesa. Ya, ya lo sé: eso pienso desde el extremo opuesto, pero os voy a explicar por qué.
Cuando eres adolescente y tienes más tetas que cabeza, nadie te mira a los ojos. Las chicas porque sienten curiosidad y los chicos porque… porque son chicos. Yo intentaba ocultar mi pecho con ropa ancha, pero su voluptuosidad era evidente.
Muchos chicos se acercaban a mí por el morbo de las tetas gigantes, lo sé y admito que, cuando empecé a lidiar con ellas, me aproveché un poco. Me seguían sin gustar, pero, cuando eres una cría, si gustas, gustarte a ti misma es lo de menos (o eso creía yo).
Más testimonios
Pero no es oro todo lo que reluce y, pese a ser gigantonas y estar bien puestas (con un buen sujetador, obviamente), me acarreaban muchos dolores de espalda y problemas serios de cervicales. Además, a mí me parecían exageradas: tanto que encontrar ropa era una odisea.
Empecé con mi actual novio hace un par de años. A él le encantaban mis tetas, le ponían muchísimo. Así que no sabía cómo decirle que me las quería operar. Un día, tras explicarle lo mucho que me dolía la espalda, le comenté que me quería hacer una reducción de pecho. Su primera respuesta fue:
—“Bueno… si tú crees que estarás mejor, adelante.”
Pero no ahondó más en el tema y yo supuse que era porque, al fin y al cabo, era mi decisión.
Fui a varios cirujanos y, cuando ya me decanté por uno, lo hice oficial: me iba a reducir el pecho. En mi casa lo aceptaron con el miedo que supone una operación, pero sabiendo lo incómoda que me hacía sentir. Mi novio volvió a su:
—“Si es lo que tú quieres…”
Y dejó la frase sin acabar.
Toda la que ha pasado por el proceso sabe cómo es el postoperatorio: durísimo. Así que, para poder hacerlo más llevadero, durante casi dos semanas, me fui a casa de mis padres porque mi novio trabaja con turnos rotativos y yo iba a necesitar más ayuda.
La verdad es que, ya que me reducía el pecho, me dejé un tamaño pequeñito y así gozar de la libertad que me había sido negada por la genética. Las semanas después de la operación fueron duras, estaba muy dolorida, apenas me podía mover y necesitaba ayuda para todo: vestirme, peinarme, sentarme… Mis padres estuvieron al 200% y mi novio venía a verme todos los días.
Pasadas ya dos semanas, volví a nuestra casa: ya solo con el sujetador postquirúrgico, una actividad “normal”, el pecho algo inflamado y muchas cicatrices. Las primeras veces que volví a mantener relaciones con mi chico, fue sin quitarme el sujetador: me daba mucho miedo que me doliese o que se moviese cualquier cosa.
Un par de meses después, ya con el visto bueno del médico, me quité el sujetador para el sexo. Y, la verdad, notaba como mi chico evitaba tocarme el pecho o acercarse a él, cuando antes era su foco principal de atención.
Ese mismo día le pregunté qué pasaba. Me dijo que no sabía cómo decírmelo, que no quería herirme, pero que mi pecho no le excitaba: era muy pequeño y tenía muchas cicatrices.
La verdad es que estoy en shock. No sé qué hacer. Yo estoy feliz con mis nuevas tetas, pero él no se acerca a ellas, es como si fueran inexistentes y, a la larga, entiendo que esto puede minar una relación. Me dice que no pasa nada, que el resto de mi cuerpo le encanta… Pero es una zona erógena y, claro, yo lo noto.
Le he pedido que intentemos buscar una solución, pero él sigue diciendo que no pasa nada (y es evidente que sí). ¿Qué me aconsejáis? No sé si visitar a una sexóloga… El caso es que yo le quiero, pero también me encanta cómo me siento ahora con mis nuevas tetas, pequeñas y manejables.
