Cuando decidimos separarnos y me dijo que quería la custodia compartida, lloré mucho. Se me iba a hacer un mundo separarme de mis hijos. Estaba muy unida a ellos, no me imaginaba tener que pasar dos semana seguidas sin verlos.
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Pero también tenía derecho su padre a disfrutar de ellos el mismo tiempo que yo. Aunque, reconozcámoslo, nunca fue un padre súper implicado. Se escaqueaba siempre que podía. Digamos que el reparto con los niños era 70-30.
En el fondo yo siempre sospeché que no quería cederme la custodia a mí y pasarme una pensión. Se pensaría que su dinero me lo iba a gastar yo en mis cosas.
También os digo, habría sido lo más lógico que yo me quedara con los niños. Por horarios de trabajo, yo ya me ocupaba de los niños a diario. Yo los llevaba al colegio por las mañanas, los recogía después del comedor, los llevaba a extraescolares. Él llegaba a las siete de trabajar y se iba al gimnasio. Cuando volvía de hacer su cardio los niños ya estaban duchados, cenados y, algunos días, hasta metidos en la cama.

Pero, oye, quien soy yo para negarle a un padre tener a sus hijos el mismo tiempo que la madre.
Así que acepté. Decidimos turnarnos nosotros en la casa para que los niños no se tuvieran que cambiar.
Y llegaron las primeras dos semanas sin niños. No os voy a mentir: fueron horribles. Vivir separada de mis hijos no fue fácil. Los echaba mucho de menos. Muchas noches no podía pegar ojo porque no tenía al pequeño acurrucado conmigo en la cama, con sus rodillas en mi espalda. Que fuerte, que aquello que odiabas porque te levantabas hecha un trapo, ahora lo echabas de menos.
Mientras yo aprendía a sobrevivir con ese vacío, me consolaba pensando: al menos están bien porque están con su padre. Ja. Qué ingenua fui.
Ya desde los primeros días, noté que cuando llamaba al móvil de mi ex, o no me lo cogía, o me decía que no estaba en casa, o me daba excusas. A veces me devolvía la llamada ya tarde, y hablaba con mis hijos antes de que se fueran a la cama.
Otro día, llamé al fijo de casa y me lo cogió mi suegra. Que había venido a echar una manos a su hijo con los nenes, me dijo. Al principio pensé que era puntual. Todos necesitamos ayuda. Yo misma había tirado de mis padres mil veces antes de separarme, y tendría que volver a tirar de ellos ahora con esta nueva normalidad que habíamos acordado.
Pero es que esa situación se repitió varios días seguidos. Ya le pregunté a mi ex y me dijo que su madre venía de vez en cuando, alguna tarde se los llevaba a su casa, porque ella quería, y él aprovechaba para ir al gym.

Cómo no me dejó muy convencida con la explicación, el primer día que tuve que encargarme yo de mis hijos, le pregunté a la mayor. La yaya Carmen nos lleva al cole y nos va a recoger, me dijo. Le pregunté por su padre y me dice la cría que papá llega tarde de trabajar, como siempre.
Vamos a ver, yo entiendo que tengas que tirar de tu madre de vez en cuando, pero si me has sustituido por tu madre, para que ella haga todo lo que yo hacía en casa cuando estábamos juntos, y tu vida no ha variado lo más mínimo, ¿para qué me pides la custodia compartida?
Mi suegra adora a mis hijos. Los cuida bien. Los quiere muchísimo. Mi problema nunca fue ella.
Mi problema era escuchar a mi ex pedir una custodia compartida mientras su entrenamiento del gimnasio seguía siendo más importante que sus niños.
Lo hablé con él y me dijo que no podía reducirse la jornada porque perdería mucho dinero. Vale, es algo de lo que hablamos antes del divorcio, que él trabajaría menos horas para encargarse de sus hijos, pero vale, entiendo que no quieras cobrar menos.
¿Pero y el gimnasio? ¿No es suficiente que tu madre se quede con los niños hasta las siete de la tarde? ¡No! Es mejor que se quede hasta las nueve, o que se los lleve a su casa. Y mientras la abuela cocina, baña a los niños, y hasta los acuesta ella, tú no te privas de nada.

Discutimos muchísimo y le dije que iba a presentar una demanda de modificación de medidas para pedir la custodia total de mis hijos.
Su respuesta: ¡Haz lo que quieras! Pero no voy a darte ni un duro.
Con esa frase me reconoció que no había hecho todo esto por el bien de los menores, como me dijo en su día, lo estaba haciendo porque se piensa que la pensión de mis hijos me la voy a gastar en mí.
Nunca habíamos tenido un problema en la relación, porque yo soportaba la carga de la familia mientras él hacía su vida. Pero ahora sí que pensaba pelar por mis hijos con uñas y dientes. Porque para tener una custodia compartida entre la abuela y yo, prefería pedir la custodia total para mí. Él, y su madre, que los vieran fines de semana alternos.
Escrito por Raquel Acosta, basado en la historia real de una seguidora.