Llevo varios años separada de mi expareja. No fue una ruptura fácil. Hubo infidelidades por su parte, rencores y un montón de problemas. Pero teníamos un niño pequeño que se merecía que sus padres tuvieran una relación cordial por él.

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Al separarnos, yo me quedé con la custodia de mi hijo, en ese momento era muy pequeño para separarse de su madre y por eso lo hicimos así. Él tendría un régimen de visitas y una pensión que debía pasarme todos los meses. Que son 250€. Yo no escondo nada, os lo cuento abiertamente.

Pues él se cree que ese dineral, que según él me pasa, me lo gasto yo.

Las que tenéis hijos, sabéis que con ese dinero no cubres ni los gastos básicos. Mi hijo se gasta más de eso en comer al mes. Sin contar con ropa que le tengo que comprar, salidas de ocio y otras cosas.

Además, en el acuerdo dijimos que los gastos extraordinarios los pagaríamos a medias. Bueno pues cuando lo llamo para decirle que el niño tiene dentista, ya la tenemos montada. Le mando facturas para que me abone la mitad y siempre se queja, que si llevo al niño al dentista más caro del barrio. Pues al que hay, son todos igual de caros.

En varias ocasiones, he tenido que hacer frente yo sola a esos gastos extraordinarios, porque se niega a pagar la mitad. Qué queréis que os diga, pero si mi hijo necesita unos patines nuevos porque le ha crecido el pie, pues yo se los compro. No voy a quitar a mi hijo de una extraescolar porque su padre no me quiera hacer un bizum con 25€.

Yo tengo mi trabajo y mi sueldo me da para llegar a fin de mes, pagar mis cosas y para ahorrar un poquito. Bueno, pues mi ex se cree que como me cuido, estoy apuntada a un gimnasio, voy a la peluquería y me da para hacerme alguna escapada de vez en cuando, me estoy aprovechando de él.

Que me hago las uñas con su dinero, me soltó un día.

No perdona, la pensión que me pasas es para mi hijo. Y, de hecho, se queda cortísima. Si te piensas que con 250€ al mes pago el alquiler, la luz, el agua, la comida de un niño que come como una lima, la ropa de un niño que no para de crecer y, encima, me sobra para mis caprichos, es que se te dan las matemáticas tan bien cómo serme fiel.

Mis uñas, mis escapadas, mi gimnasio y mi peluquería me los pago yo con mi propio esfuerzo, madrugando cada día y gestionando mi sueldo como me da la gana.

Cuidarme y tener vida propia después de una separación que me costó mucho llevar, que me dejó destruida anímicamente, no es un lujo, es un derecho como mujer y como persona.

El bienestar de los hijos depende de los dos, del padre y de la madre. Que porque la madre tenga un buen sueldo no significa que el padre este exento de encargarse de su hijo. Como es mi caso, que mi ex se cree que como llego a fin de mes con mi sueldo, no necesito los 250€ de mierda que me da para el niño.

Lo que realmente le molesta a mi ex no es en qué me gasto mi dinero, sino ver que no me hundí tras la ruptura, que soy económicamente independiente y que mi vida sigue adelante sin él.

A mí me da igual lo que haga con su vida, si está con otra o si quiere tener más hijos. Pero del que tienes en común conmigo, te tienes que ocupar.

Y si te jode rascarte el bolsillo por tu hijo, el problema lo tienes tú, no mis uñas.

 

Escrito por Raquel Acosta, basado en la historia real de una seguidora.