Siempre digo que yo nací gorda.

Mis padres son ambos de constitución fuerte y tanto mis hermanos como yo somos personas grandes por pura genética. Y yo fui una niña tirando a gordita que se convirtió en una adolescente con mucho sobrepeso y que, finalmente, se convirtió en una adulta obesa. El peso marcó mi vida en todas sus facetas. Yo no quería ser gorda, razón por la cual crecí haciendo todo tipo de dietas. También pasé por épocas de no hacer nada, de que me diera igual ocho que ochenta. Me decía que cuando llegara a noventa kilos me pondría en serio. Luego a los cien. Después a los ciento quince…

Pesaba casi ciento treinta cuando mi médico me habló de la manga gástrica y de por qué era una buena candidata para someterme a ella. También de que era muy joven y de que cada vez me sería más difícil controlar un aumento de peso que estaba claro ya no controlaba para nada. Pese a que lo intentaba, por cada cinco kilos que perdía, terminaba ganando diez. Cada año pesaba más que el anterior. Todos los días podía decir que nunca había estado tan gorda, porque literal que no paraba de aumentar y aumentar de peso.

Tuve que meditarlo mucho, porque me daba pánico pasar por quirófano. Según mi médico y mi familia, todo eran ventajas. Era consciente de que era lo mejor, pero me costó mucho decidirme. Mi salud, mi calidad de vida mejorarían tanto como para compensar todo lo demás. Así que, finalmente, me decidí a hacerlo y todo salió bien. Tuve algunas complicaciones con el posoperatorio y tardé más de lo habitual en acostumbrarme a la nueva forma de comer. En cualquier caso, no importaba. Ni los vómitos ni el hambre psicológica ni nada. Por primera vez en toda mi vida, cada vez que me subía a la báscula, el número que esta mostraba era más bajo que el anterior.

Si en aquella época alguien me preguntara si volvería a hacerlo, le respondería que sí. Sin dudar. Sin embargo, ahora que han pasado años… ya no. Porque me sometí a una cirugía bariátrica y me arrepiento. Aunque al principio me convencí de que era lo mejor que había podido hacer, con el tiempo empecé a dudar.

Ojo, es solo mi opinión y teniendo solo en cuenta mi caso particular, lo cual no aplicará para otras personas que hayan pasado por lo mismo o estén valorando hacerlo. Esta es MI experiencia.

Mi realidad es que me arrepiento porque, en la actualidad, sigo sufriendo ciertas consecuencias negativas. Tales como reflujo, anemia, falta de vitaminas, cansancio, etc. Además de que, si bien me mantengo en un peso que se podría decir ideal para mí, no es menos cierto que hace tiempo que empecé a fluctuar. Me muevo en un margen de cinco kilos arriba y abajo constantemente.

Y si no subo más es porque, la verdad, vuelvo a vivir a dieta. Controlando escrupulosamente lo que como y el ejercicio que hago. Sé que el mínimo descuido me lleva a engordar. Y que dos o tres seguidos serán suficientes para echarlo todo a perder y volver a la casilla de inicio. Hoy por hoy dudo si no habría sido mejor intentarlo con métodos menos radicales. Quizá habría conseguido llegar al mismo punto y sin las consecuencias desagradables que la cirugía supuso para mí. Es evidente que nunca lo sabré, pero, si pudiera volver atrás, creo que no pasaría por la operación.

 

Anónimo

 

 

Envíanos tu historia a [email protected]

 

Imagen destacada