Nunca pensé yo que iba a necesitar de escolta, y menos en las circunstancias en las que ocurrió.
Me encontraba ya en las últimas semanas de embarazo, pero no tenía hecha ni la maleta del hospital, porque realmente no esperábamos la llegada de nuestro bebé de manera tan inminente. Estaba en casa tan tranquila cuando de pronto me levanté del sofá y rompí aguas. En las clases de preparación al parto, de lo primero que te enseñan es que si al romper aguas el líquido es oscuro, hay que dirigirse al hospital con urgencia porque suele ser que el bebé se ha hecho caca dentro y es peligroso.
Efectivamente, vimos el líquido de un color raro y colapsamos: el bebé iba a llegar prematuramente y además el hándicap del líquido y el miedo absoluto a que ocurriese algo. En poco tiempo empezaron a darme contracciones súper fuertes. Metí dos prendas en una bolsa y salimos al hospital, con tan mala suerte, que cuando nos dimos cuenta, nos habíamos metido en un atasco monumental.
No entendíamos lo que estaba pasando, porque esa avenida no solía tener para nada ese volumen de coches, y además es que llegó un momento en el que pasamos varios minutos parados.
La angustia se empezó a apoderar de nosotros y no sé cómo no me dio un infarto cuando me enteré de que estaba pasando la vuelta ciclista y directamente nuestra ciudad estaba colapsada, ya que habían cortado varias avenidas principales durante el tiempo de paso de los ciclistas.
Empecé a llorar, estaba aterrorizada. Las contracciones cada vez iban a más y empezamos a pedir ayuda. Una mujer de un coche paralelo se bajó y comenzó a abanicarme y así todos los coches cercanos terminaron por acercarse y enterarse de que había allí una mujer de parto y de que teníamos un problema. Entre todos barajamos varias opciones pero ir andando no era posible porque las contracciones me partían en dos y nos encontrábamos a bastante distancia del hospital más cercano.
Estábamos por llamar al 112, cuando de pronto un hombre que estaba allí cerca se puso a gritar que necesitábamos ayuda, de manera que se corrió la voz entre todo el atasco y llegó a los oídos de la guardia civil que estaba cortando el tráfico decenas de vehículos más adelante. A los pocos minutos llegó una pareja de la guardia civil en sus respectivas motos y cuando vieron el panorama, pusieron las luces y nos dijeron que nos escoltaban.
Aún escoltados, nos costó mucho salir del atasco de coches. Cuando llegamos a la zona donde el tráfico estaba cortado, pudimos pasar por la mitad de la vuelta ciclista porque ellos nos iban abriendo paso. El resto del camino, los coches nos iban dando prioridad gracias a ellos, de manera que aunque con una dilatación ya muy avanzada, llegué al hospital a tiempo.
Al llegar, uno de los guardias civiles tuvo el detalle de pedirle a mi marido las llaves del coche para aparcárselo y que así pudiera entrar directamente conmigo. Al volver para devolvernos la llave, se interesaron ambos por el parto y hasta nos llamaron al día siguiente para saber qué tal había ido todo.
Afortunadamente, siempre hay personas buenas que ayudan a que el mundo sea un poco mejor, y yo ese día conocí a unas cuantas a las que les estaré siempre agradecida.
Envía tus movidas a [email protected]
