Vale. Os voy a contar algo que me dejó un poquito… No sé. Rayada. No en plan drama, ¿eh? Pero sí de estas cosas que te hacen fruncir el ceño y pensar: “¿Esto está bien o me da un poquito de cosa?”
Resulta que una amiga mía, que es profe de Infantil, me estaba enseñando no sé qué cosa en el móvil —un meme, creo— y, al salirse de la pantalla, vi el fondo. Y ahí estaba: la cara de un crío. Mofletes, sonrisa de anuncio de Petit Suisse, monísimo.

Pensé que sería su sobrino, el hijo de una amiga, el ahijado… lo típico. Y le suelto: “¿Y ese zagal tan simpático?”. Y ella, tan tranquila: “Uno de mis niños del cole”.
¿Perdona? ¿Uno de tus alumnos? ¿En tu móvil? De fondo de pantalla permanente como si fuera tu novio de la guardia civil?
¿Es tierno o es raro?
A ver, que sí. Que cuando trabajas con niños, te encariñas. Los ves todos los días, sabes si han dormido mal, si han venido cruzados, si están felices porque su abuela les ha hecho croquetas. Te sueltan cosas que ni sus padres saben. Y se te meten dentro sin que te des cuenta. Pero claro, de ahí a llevar su cara en el móvil como si fuera tu criatura… pues a mí me dio un poquito de yuyu.

Que a lo mejor soy yo, que tengo alma de señora desconfiada, pero también es verdad que hay líneas que no se deben cruzar aunque el motivo sea el cariño.
¿Y si fuera al revés?
Lo pensé. Imagina que en vez de una profe mujer, es un profe hombre. Que alguien le ve en el móvil la foto de una alumna. ¿Qué pensaríamos? Porque me da que ahí no lo llamaríamos «ternura», lo llamaríamos “¿Perdona qué?”
O si fuera, yo qué sé, una canguro y llevara la foto del niño que cuida. Lo veríamos raro también, ¿no? Pero con los profes a veces como que se normaliza más el apego, y ojo, que me parece bonito… hasta cierto punto.
No estoy juzgando… (bueno, un poquito sí)
De verdad que no lo digo por ir de inquisidora. Mi amiga lo hace desde el cariño, eso no lo dudo. Sin embargo, me pareció importante hablarlo, porque hay una línea entre el cariño genuino y proyectar necesidades que no tocan. Y si encima trabajas con peques, esa línea se vuelve muy fina.

Yo también me he encariñado con niños que no eran míos. Que he cuidado, que he visto crecer. Y sé lo fácil que es quererlos. Pero también sé que hay que poner cierto límite. No porque seas fría ni por cortar el vínculo, sino porque es tu responsabilidad mantener ese espacio seguro.
No tengo una gran conclusión. Lo que sí sé es que a mí me dio que pensar.
Bonito, sí. Pero también raro.
Y aunque esa criatura salga en la foto con una sonrisa de “me han dejado saltar en todos los charcos del recreo”, yo no lo pondría de fondo de pantalla. Ni aunque me hiciera dibujos de arcoíris con mi nombre en grande.
(*) Relato escrito por una colaboradora basado en la historia real.