He tenido un drama gordo con mi madre. Siempre nos hemos llevado de maravilla, nos hemos contado todo, hemos compartido y tenido mucha confianza y cariño y he contado con ella para todo, se podría decir que ha sido mi mejor amiga y mayor confidente. Cuando me fui de casa lo pasó fatal, pero no fue para tanto porque me iba prácticamente al lado de la suya.
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Luego conocí a mi actual pareja y nos fuimos a vivir un poquito más lejos, seguíamos estando en el mismo pueblo, pero en diferente barrio. Yo pensé que ella lo iba a llevar muy mal, porque ya no me iba a tener tan a mano. Además, me había insinuado en varias ocasiones que no veía futuro a mi relación con este chico. Así que estaba convencida de que lo estaba pasando mal y yo estaba muy encima de ella, llamándola e intentando verla lo más posible.
Cuál no sería mi sorpresa cuando un día me encuentro a mi madre y a mi novio en una cafetería tomándose unos churros tan tranquilos y sonrientes. Cuando entré y saludé reaccionaron como quien es pillado en falta, me dijeron que se habían encontrado por la calle y se habían parado a tomar algo. Me pareció una respuesta razonable y en ese momento no le di más vueltas.
Pero a partir de entonces empecé a notar que nuestra relación estaba cambiando (la de mi madre y mía). Mi madre estaba tensa conmigo y saltaba por cualquier motivo, en cambio con él estaba como una malva. Cuándo íbamos a comer a su casa la pregunta era: «¿Daniel, qué quieres para comer? Hoy pondré natillas, las favoritas de Daniel (cuando sabe que yo las odio) Daniel, ¿qué tal la semana en el trabajo? Me tienes que enseñar ese modelo de avión en el que has estado trabajando (tiene como hobby montar miniaturas) Hay que ver cómo tiene la casa de limpia Daniel, así da gusto. Pásame a Daniel al teléfono que le tengo que preguntar por no sé qué…»
Para mí todo eran críticas y para él alabanzas. La sintonía que había tenido siempre con ella se resquebrajaba por momentos.
No entendía nada, ¿por qué de repente mi madre había pasado de no ver futuro a nuestra relación a beber los vientos por mi novio? ¿Cómo podía ser que le interesara más su vida que la mía?
Hasta que un día se lo dije, me senté a hablar con ella y le pedí que me explicará qué estaba pasando. Yo siempre había querido que se llevaran bien, es lo lógico, son las dos personas más importantes de mi vida, pero esto estaba pasando de castaño oscuro, me sentía totalmente desplazada. Así que le dije: «Aquí pasa algo. Una de dos, mamá, o te cae mejor tu yerno que tu hija o es que estáis liados.»
Me quedé blanca cuando se echó a llorar. Me temí lo peor, ¿con qué cara le iba a contar yo a todo el mundo que mi madre se estaba liando con mi novio?
Sin embargo, no fue eso lo que me dijo. Resulta que cuando ella me decía que no veía futuro a nuestra relación no lo decía, como yo siempre pensé, porque pensara que él era poca cosa para mí, sino al contrario. Lloraba porque al conocerle sintió que por fin conocía al hijo que siempre había deseado y esto le hizo darse cuenta de que lo que realmente sentía por su hija era vergüenza y decepción. Lloraba porque yo era su hija y no él, él tenía otros padres a los que quería con locura y ella se sentía en tierra de nadie. Lloraba porque se había dado cuenta de que su hija no había sido capaz de colmar sus expectativas, unas que yo no sabía ni que existían.
Y entonces sí que me quedé blanca de verdad. No levanto cabeza.