Yo a esta mujer no sé qué le pasa. Pero ya debería haber madurado, digo yo.
De jovencita era una fiestera de cuidado. Salía cada fin de semana y si podía ser, hacía doblete viernes y sábado. Y casi cada fin de semana volvía como las Grecas. Yo en esa época no la conocía, que aún no estaba con mi marido, pero me lo han contado él y su madre.
A la que empezó a salir con un chico más en serio, pareció al principio que bajaba un poco el ritmo, pero fue una falsa alarma, porque volvió otra vez a su ritmo de salidas habitual. Y no es que me parezca mal que salga, faltaría más, si no que pillaba unas curdas de campeonato, porque según ella una fiesta sin alcohol no es una fiesta. Y sí, las resacas también eran de campeonato. La cosa es que entre semana no bebía, pero llegaba el fin de semana y la fiesta… Y bebía como si no hubiese un mañana.
Se acabó casando con el muchacho en cuestión y llegó el primer bebé. Durante el embarazo se portó muy bien, madre comprometida lo ha sido. No bebió nada de alcohol mientras estuvo embarazada y tampoco lo hizo durante los meses que dio el pecho.
Pero no penséis que exagero cuando os digo que se sintió una perturbación en la Fuerza el día que acabó de amamantar y salió a celebrarlo con sus amigas. Entre que había perdido un poco de fuelle y que tenía ganas de recuperar el tiempo, volvió estupenda de la muerte.
Llegó un segundo embarazo, un cambio de trabajo con mayor responsabilidad y se mudaron a otra ciudad, porque su marido fue traslado de oficina, que no está muy lejos del resto de familia, pero ahora está a un poco más de una hora en coche de su familia y de su grupo de amigos de siempre. Y en la nueva casa llegó el tercer embarazo.
Total, que entre que es madre de familia numerosa, que tiene a su gente lejos y que tiene un montón de curro, ya casi no sale. A parte que con su grupo quedan sólo tres o cuatro veces al año porque es difícil cuadrar agendas con todas las responsabilidades que tiene de vida adulta.
Pero claro, que ella echa de menos una buena fiesta y pillar un buen pedo, porque dice con nostalgia que aquello sí que era diversión de verdad.
Pues nada, que como su vida social ya no es lo que era, dice que aprovecha cualquier oportunidad para darse una alegría al cuerpo. Ahora se dedica a pillar la cogorza en las fiestas familiares. Un cumpleaños, una boda, una comunión… Y las cenas de navidad son las más esperadas, sea Nochebuena o fin de año.
Hubo un intento de su madre de no tener mucha bebida con alcohol en las fiestas, pero ella se nombró hace tiempo proveedora oficial de bebidas espirituosas de la familia y trae suministro para dar y regalar. Cuando mi marido, su hermano, ha intentado hablar con ella de que quizás sea un problema que beba tanto en las celebraciones familiares, ella le dice que problema con el alcohol no tiene ninguno, que quizás es él el que tiene un problema porque no quiere que se divierta un poco en compañía de sus seres queridos.
Y aquí estamos otra vez, con cuarenta y dos años, casada y tres hijos, y otra vez borracha en la cena de Navidad.