Hace años el hermano menor de mi pareja quiso montar una empresa para la cual necesitaba una gran cantidad de dinero. Pidió un crédito y como aval puso la nómina de su padre y de su hermano menor, mi pareja.

Yo no le apoyé en la decisión de hacerlo, pero él me dijo que era su hermano y que quería ayudarle, que era su nómina y que yo no tenía nada que decir. Lo respeté, a pesar de no estar de acuerdo con ello.

Con el tiempo, la empresa de mi cuñado empezó a fracasar, de hecho, cada vez estaba peor, él se quedó en números rojos y al final quebró.

Hace años de eso y no sé muy bien lo que pasó entonces, lo que sí recuerdo bien es que mi cuñado en vez de dar la cara desapareció. De repente, no contestaba a los mensajes ni respondía a las llamadas y donde vivía ya no se le encontraba.

Nunca se puso en contacto ni con sus padres ni con su hermano, alguien nos dijo que se había ido a vivir a otro país, pero tampoco era algo que supiéramos con certeza.

A mi pareja se le cayó el mundo encima. Su hermano, su mejor amigo, la persona en la que más confiaba, le había llevado a la ruina y ni siquiera había dado la cara por ello. Empezaron a embargarle gran cantidad de dinero de su nómina; mi pareja podía hacer frente a la mitad de las facturas, pero a nada más, todo lo demás lo pagaba yo.

A pesar de que afectó mucho a nuestra relación, pues yo le recriminaba que no me había hecho caso y que por ello estábamos en esa situación, no pensé en dejarlo en ningún momento, siempre estuve a su lado.

Pero él poco a poco se fue apagando, entró en una depresión de la que no había manera de salir.

Trabajaba muchas horas, y cobraba muy poco, y sabía que tendría que estar hipotecado años. Pero lo peor para él fue la pérdida de su hermano en quien tanto confiaba, la traición. La verdad es que mi pareja no levantó cabeza y eso sí hizo mella en nuestra relación.

Llegó un momento en que yo ya no podía vivir de esta manera, llegábamos justos a fin de mes y mi pareja se convirtió en alguien apagado, malhumorado y cero cariñoso.

Al final, nuestra relación no pudo superarlo. Mi cuñado fue el causante de nuestra ruptura, aunque lo fuera indirectamente, pero lo peor de todo es que fue el causante de su depresión.

Sé que mi expareja nunca ha vuelto a saber de su hermano. Pero también sé que no ha rehecho su vida, que sigue en tratamiento y que no es feliz.

De toda esa mala experiencia me he llevado unas cuantas enseñanzas, pero la más importante, sin duda, es que sé que nunca voy a avalar a nadie, ni con mi casa ni con mi nómina, aunque sea alguien de mi familia.

Sintiéndolo mucho he aprendido que nunca debes confiar en nadie tanto como para poner tu vida en sus manos.