Sé que hay muchas mujeres con el pecho operado satisfactoriamente y quiero comenzar diciendo que estoy a favor de la medicina estética y de todo lo que sume a que una persona se encuentre mejor consigo misma. Tan sólo quiero contaros lo que me pasó a mí.

Mi pecho era un pecho normal en cuanto a tamaño, no especialmente bonito, pero normal, jamás había tenido yo en mente operarme y mucho menos el pecho. Cuando nació mi hijo y le di teta, después, para mi asombro, mi pecho se quedó destrozado, porque una mama se me quedó normal pero la otra se me descolgó totalmente, miraba al suelo, eran como dos pechos de dos mujeres distintas.

Fue ahí donde me planteé, porque era muy joven aún, arreglarme el pecho. Fui a la mejor clínica de mi ciudad y me puse en manos del mejor cirujano, eso sí, me costó bastante más caro que en otros sitios pero no me importó por la confianza que me daba el médico.

Éste me recomendó una mastopexia (levantamiento del pecho) pero que para que quedase bien me recomendaba ponerme prótesis. Al principio no me convencía la idea, pero me estuve informando de que ya las prótesis de marcas punteras como las que pagué eran para toda la vida y que tenían controles de calidad exhaustivos. Que me iban a durar para siempre, vaya.

La operación fue un éxito. Siquiera me hizo la famosa cicatriz de la T, sino que, a través del pezón, me puso unas tetas preciosas. Redonditas, altas, gorditas. Durante tres años disfruté mucho de mi escote, de los bikinis, de mi pecho. Estaba feliz con el resultado.

La cosa es que en una ecografía que me hacía todos los años, me sugirieron que me hiciese una resonancia magnética porque según las imágenes, se sospechaba de que una de las prótesis estuviese rota. Se me cayó el mundo a los pies cuando, tras hacérmela, esto se confirmó. Sin traumatismo alguno, sin golpe, sin nada absolutamente que me pudiese hacer pensar que tenía la prótesis rota.

Tenía que intervenirme, claro. Le pregunté al cirujano y me dijo que eso no era peligroso pero que tampoco podía estar ahí para toda la vida, con lo que pensé que cuanto antes mejor.

Barajé quitarme las prótesis pero el médico me dijo que era algo súper improbable que ocurriese y que el pecho se me iba a caer de nuevo y tal. Total, que me operó de nuevo y me volvió a poner otras prótesis punteras, porque de hecho, la garantía de las primeras me cubría otro par. Tengo las tarjetas de las prótesis que demostraban que eran de las mejores del mercado.

Cuando salí del quirófano me dijo el médico que no tenía sólo una rota, sino las dos, y que estaban hecha añicos. Vuelta al postoperatorio, a la baja y a lo desagradable, pero todo fuera por pasar aquel trance rápido.

Me colocó las segundas y cual es mi sorpresa cuando a los cuatro años, en otra revisión, misma situación. Otra vez sospecha en eco y confirmación en resonancia. De nuevo sin saber a qué es debido, sin que haya una sola cuestión en mi vida que pueda hacer que se me rompan las prótesis, de hecho a día de hoy sigo sin saber qué fue lo que pudo pasar.

Le dije al cirujano que me las quitase, que no iba a arriesgarme más, eran tres quirófanos en siete años. Me daba igual que se me quedasen como dos pimientos fritos, que era la única salida que existía en mi cabeza, pero quería las prótesis fuera. Lo bueno es que pudo hacerme un arreglo y con grasa de otro sitio y entiendo que recortando piel (no quise ni preguntar) me recompuso el pecho de manera que lo tengo mono, pequeñito, pero coqueto y alto. Mucho mejor de lo que podía esperar después de tanto trasiego y quirófano.

Este es mi drama con las prótesis mamarias por si puede ayudar a alguien a que se revise, a que se lo piense mejor y a saber que si las quitas finalmente, no tienes por qué quedarte con un pecho deformado sino que puede retocarse con grasa y quedarse bastante bonito.