Mi hermana pequeña, Ana, siempre ha sido un alma libre. Ha tenido relaciones con tías y con tíos más o menos a partes iguales, y siempre acaban bien, pero siempre acaban. Nunca ha tenido una pareja que le haya durado más de unos pocos meses, y tampoco es que le haya importado lo más mínimo. Hace poco vino a darnos la noticia de su embarazo, y nos quedamos locos toda la familia. Siempre había expresado su deseo de ser madre, pero pensábamos que no lo sería a no ser que tuviera por fin una relación duradera. Obviamente, nos equivocábamos, porque el bebé que esperaba era de Hugo, un amigo suyo que sabíamos que era gay y que no había tenido nada con ella más que una buenísima amistad.
Pero mejor estaba en los detalles. Follar no habían follado, porque ninguno de los dos tenía ninguna gana de follarse al otro, así que fueron a informarse sobre la reproducción asistida, porque lo que necesitaban era una inseminación artificial para tener un hijo sin tener que tocarse, básicamente.

Pues les dijeron que solo se hacía inseminación artificial conyugal, y que si no eran cónyuges no había nada que hacer. Ni cortos ni perezosos, se hicieron pareja de hecho. Después de aquello, se empadronaron en otro sitio y fueron al nuevo médico que les habían asignado (por si el otro ya se olía algo raro) y consiguieron entrar en la lista, pero con varios meses de espera por delante. Y ¿cómo se les ocurrió pasar el tiempo mientras tanto? Pues aquí viene lo mejor: se compraron un bote de muestra de orina y una jeringuilla grande (yo pensaba que se estaba quedando con todos cuando nos lo contaba), y cuando Hugo se corrió en el bote, mi hermana se lo metió con la jeringuilla. Así.
No tenían esperanzas de que fuera a funcionar porque el semen al aire libre muere rápido (flipas de lo que se entera una), pero fue un éxito total. Y pensar que hay peña que se pega años intentando concebir. No hizo falta esperar a la cita en la seguridad social, se quedó embarazada al primer intento casero.
Bueno, la cara que se nos quedó después de escuchar todo esto debió de ser un poema, no sé si mi hermana iba preparada. Mi padre se quedó un poco callado, aunque bastante resignado a que “tenéis que hacer lo que os haga felices”. A mí me entró la risa imaginándome la escena de la inseminación casera, pero en general tampoco me pareció mala idea, al fin y al cabo, ellos eran super buenos amigos y eso es más difícil de romper que un matrimonio, por lo que decían mis propias estadísticas. Mi madre, sin embargo, se lo tomó fatal, y empezó a decirle a ver si estaba loca, a ver qué estabilidad familiar iba a tener la criatura, que se olvidara de tener pareja para el resto de su vida porque nadie iba a estar tan loco de meterse en ese invento de familia… Mi hermana se fue de casa de un portazo y muy disgustada. Entonces, creo que por primera y única vez en mi vida, me salió esa fuerza protectora de hermana mayor, y fui yo la que le gritó a mi madre. Le dije que Ana ya era mayor, independiente, y tomaba sus propias decisiones, y que gustaran o no al resto de personas, eso daba igual. Que tenía que estar feliz de que a una de sus hijas le diera igual lo que opinara el resto de la gente, porque la otra (yo) tenía muchos problemas a raíz de hacer siempre lo que otros esperaban de ella. Acabamos llorando las dos, pero la charla tuvo efecto y mi madre llamó a mi hermana y le pidió perdón.

Hoy en día, unos cuantos episodios más tarde en que muchas personas le han cuestionado a mi hermana su modelo familiar, puedo decir que mi sobrino Marco es el niño más feliz del mundo, con una estabilidad envidiable en su hogar, y dos padres que no han hecho más que darle lo mejor que tienen. Cuando alguien intenta averiguar si están juntos, o si eso es una relación abierta, ellos responden que son una familia y punto, y con eso se quitan de encima a todos los cotillas que solo preguntan para luego criticarlos. Y a mí me sale el orgullo hasta por las orejas.
Anónimo
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