Nuestro mayor miedo como padres siempre fueron los grupos de WhatsApp de padres. Sí, esos chats que prometen informarte de todo… y al final solo te estresan. Mi pareja y yo nos pasábamos los vídeos de TikTok de humor sobre ellos, estos en los que alguien dice “mi hijo está malo” y en un segundo hay 30 mensajes de “que se mejore”, o los mensajes por la noche de “alguien sabe de qué color hay que llevar la cartulina mañana?”, “qué cartulina?”, “había que llevar algo?”, “pues mañana mi hijo no va que está enfermo” y de nuevo los 30 mensajes de “que se mejore”. 

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Así que imagínate nuestra sorpresa cuando después de 7 años que tiene nuestra hija, seguimos sin estar en ningún grupo de whatsapp de padres. No es que mi pareja no esté, es que no estamos ninguno de los dos. Nosotros que antes de que naciese nuestra hija ya planeabamos como dividirnos en grupos para no acabar mal de la cabeza… Total que nuestra experiencia hasta la fecha es esta: 

– En la guardería: cero grupos, solo un chat con la profe y un grupo de difusión que ésta tenía para enviar cosas en común, sin contacto entre padres. Solo a la entrada y a la salida un hola y un adiós. 

– En preescolar: cero grupos, ya no hay chat con la profe, como es lo normal y lógico, porque vista la fauna que había allí de padres (en la que nos incluyo) acabaría con una camisa de fuerza la pobre. 

– En primaria: llevamos un curso entero y parte del siguiente y… cero grupos de padres. No quedas para ir al parque, apareces allí. Si hay algún cumpleaños es todo de palabra, nada de WhatsApp ni de tarjetitas como hacíamos en nuestra época. Si ni siquiera tenemos el número de ningún padre y después tenemos que ir buscando a la madre del crío que le ha invitado a su cumple para confirmar ubicación, hora, etc. 

– Extraescolar: hay grupo de whatsapp donde la profe manda las fotos y actividades. En ese grupo estamos todos los padres, pero nunca hay interacción más allá que de la profe. 

La extraescolar es con padres y nosotros nos turnamos para acompañarla, así el que libra aprovecha para tener una tarde de relax. Es después en casa cuando comentamos la clase extraescolar y comentarios de otras madres (porque el único padre que va ahí o al parque es mi pareja). El principio escuchamos comentarios de “ te funcionó el truco para dejar el chupete nocturno?”; “Al final fuisteis a las camas elásticas?”; “Ah sí, pues el sábado si volvemos te digo” y fueron subiendo el nivel con “Nerea y su mamá no vienen hoy que están malitas, lo dijeron por el grupo”. ¿Qué grupo si no hemos visto nada? Había otro, había un whatsapp de padres (o madres). 

Nos lo tomamos con humor y creemos que parte de la culpa es nuestra edad. Somos jóvenes comparados con todos los demás padres. La siguiente persona más joven nos lleva unos 10 años. Mientras tanto, mi pareja y yo hacemos lo que nos da la gana en el parque. Nos tiramos por los toboganes, nos subimos a los juegos de girar con nuestra hija, hacemos alguna que otra locura que las demás madres no hacen. Ellas están más formalitas en sus corrillos, lo más probable es que comentando como dar aviso a los Servicios Sociales de los padres que tiene nuestra hija. 

Aunque lo mejor de todo esto está claro: cero notificaciones, cero discusiones sobre cartulinas, cero mensajes a medianoche, cero “que se mejore”. Solo nosotros, riendo con nuestra hija y disfrutando del momento. 

Así que si alguna vez creeis que los grupos de WhatsApp de padres son inevitables y temibles, recordad que siempre hay excepciones. Nosotros somos la prueba de que se puede criar un niña de siete años sin un solo grupo de WhatsApp de padres. Y seguimos felices, sanos y con nuestra tranquilidad intacta (y nuestra locura al 100%).