¿Sabías que los niños dicen exactamente lo que piensan? Pues ya te lo cuento yo. Sin ningún tipo de filtro y, normalmente, en el momento más inoportuno.
Canal de mamis y niños en whatsapp, vente
Mi hija tiene tres años y últimamente ha desarrollado una curiosidad bastante intensa por el cuerpo humano, en concreto, por mis tetas.
En casa siempre hemos intentado vivir el tema del cuerpo con bastante naturalidad. Nos vestimos y desvestimos delante de todos sin demasiados dramas.
Ellas saben que nosotras tenemos pochita y que papá tiene pito. Pero vamos, con la misma normalidad como cuando decimos que vamos a ponernos botas y abrigo.
O al menos eso creía yo.
Un día, mientras me estaba cambiando de ropa, noté que mi hija me observaba con mucha atención. Esa mirada tan concentrada que ponen los niños cuando están analizando algo importante en su pequeño laboratorio mental.
De pronto dijo «Mamá, tus tetas están abajo, se han caído»
Pero vamos, que lo dijo con el mismo tono con el que podría haber dicho «Mamá, está lloviendo»
No, si ya digo yo que la maternidad no se puede pagar: Tienes que hacer malabares para poder peinarte y sentirte un poco digna y cuando menos te lo esperas ¡ZAS! Te viene tu hija a decirte que tienes las tetas caídas.

Yo me quedé con la copla, pero para ella el tema ya estaba cerrado y siguió a lo suyo.
Unos días después estábamos en casa de mis suegros. Todo muy normal: café, conversación tranquila, las niñas correteando por el salón.
En un momento dado mi hija se acercó a su abuela, la miró con curiosidad y le preguntó con total naturalidad:
«Abuela, ¿tú también tienes las tetas caídas como mamá?»
Se hizo el silencio incómodo DEL SIGLO y todos empezamos a mirar con curiosidad nuestras respectivas tazas de café.
En mi cabeza solo había una pregunta: ¿Cómo puede ser que una niña de tres años sepa lo que es tener las tetas “arriba” o “abajo”?
¿Y con quién me está comparando exactamente? La respuesta llegó pocos días después en el parque.
Estábamos con una amiga y su hija. Mientras hablábamos, mi hija se acercó, y se quedó mirando los pechos de mi amiga.
¡Levantó su dedito índice y le tocó ligeramente una de las tetas!
Yo ya veía venir el desastre. Mi hija me miró, señaló y dijo en voz alta:
«Mamá, estas tetas están arriba. No están abajo como las de mamá»

En ese momento solo tuve un pensamiento: Tierra, ábrete y trágame. Hazme la digestión y cágame en una realidad paralela en la que no tengo hijos y me dedique a vender cocos-locos en Fiji.
Mi amiga (puntualizo: tiene el pecho operado) empezó a reírse, algunas madres del parque intentaron disimular y mi hija se quedó tan tranquila, convencida de haber descubierto la teoría de cuerdas o algo similar.
Desde entonces tengo clarísimas dos cosas.
La primera: Los niños observan absolutamente todo.
Y la segunda: No estás emocionalmente preparada para que tu hija discuta sobre el estado de tus tetas.