Llega la adolescencia a mi casa pisando fuerte. De pronto las dudas tienen menos que ver con las matemáticas y más que ver con qué debo hacer cuando me pasa esto, me dicen aquello… Ese momento en que aún confían en ti, pero ya empiezan a dudar de todo, ese en que es tan importante seguir hablando, aunque parezca que no te escuchan.
Depende de nosotras y nosotros que transiten esta etapa como personas empáticas y aprendiendo a desarrollar la responsabilidad afectiva que no nos enseñaron a nuestra generación.
Lo que no me esperaba era tener que gestionar en la misma el desbordamiento emocional de un adolescente que cree estar sintiendo más que una amistad por una niña de su clase y, a la vez, el desconcierto de haber recibido una declaración de amor de una amiga a la que no corresponde en absoluto, pero a la que aprecia y no sabe cómo rechazar sin hacerle daño.

Es difícil explicar a un niño inocente que fue educado en la compresión de sus emociones y en que decir algo bueno y mostrar aprecio a las personas que quieres es algo bonito y está bien y de pronto tener que advertirle que si le dice a su amiga que quiere hablar con ella de algo que siente y ésta de pronto ya no quiere estar con él a solas, sea quizá porque a ella él no le guste y que si se declara, ella puede que se aleje.
Para él era más sencillo. Él quería decirle que le gusta y si a ella no le gusta él, pues ya está , no pasa nada, siguen quedando para merendar y se ven en el patio y punto. No entiende la complejidad que esto conlleva.

Después, cuando pocos días más tarde la situación fue al contrario entendí por qué no lo entendía. Y es que una amiga suya le dijo que “estaba enamorada de él” (ya sabemos como es el dramatismo adolescente) y él le dijo que se sentía alagado, pero que ella no le gustaba de la misma manera.
Entonces vi que él la abrazaba mucho y que tenía actitudes muy cariñosas con ella. Le pregunté por qué lo hacía y me dijo que ella le decía que le hacía muy feliz ir con él de la mano o abrazarlo siempre que pudiera y que a él no le importaba en absoluto, y como era tan buena amiga para él, lo hacía encantado.
Así que tocó explicar que, sin darse cuenta, estaba haciendo falsas esperanzas a esa niña, que veía cada abrazo y cada paseo de la mano como un acercamiento que él le concedía sin ser consciente de lo que significaba para ella. Él, en su cabeza, al haberlo hablado claro, ya no había cabida a la duda, estaba todo cristalino.

Entonces entendió que quizá su otra amiga ahora no se acercaba tanto a él para no darle falsas esperanzas y se sintió mal, pues él preferiría poder hablar las cosas claras y comportarse como le salga del corazón, siempre que sea con respeto, sin tener que andar tomando distancia con gente cercana.
Es un momento tan vulnerable y tan difícil de entender a veces… Pero siento que, a pesar de las cosas que sabemos que pasan en todos los centros, todavía hay chavales y chavalas que saben lo que es la empatía y, pudiendo elegir, prefieren no hacer daño.
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