Mi madre ha pasado por muchas situaciones complicadas en la vida, me crio sola y yo le estaré siempre agradecida por la fortaleza que tuvo y la forma en la que me sacó adelante a pesar de todos los inconvenientes que se le cruzaron por el camino. Mi padre nos abandonó cuando yo tan solo era un bebé. A pesar de eso, mi madre no tuvo problemas para conectar de nuevo con otros hombres, y fueron muchas las relaciones que mantuvo, después de mi padre, con el sexo opuesto. No la juzgo por ello, todo el mundo necesita sentirse querida y deseada en algunos momentos de la vida. Lo único que puedo decir es que nunca eligió bien a los hombres con los que mantuvo una relación o, simplemente, no tuvo suerte. De todas formas, creo que a veces la elección de la pareja debe ser premeditada y no debemos dejarnos llevar por la atracción sin garantías de éxito. Aun así, cada cual es libre de elegir con quién quiere compartir su vida, pero creo que al tener una hija se debería pensar un poco más a quién mete una en casa. Yo he conocido a casi todos sus compañeros, con algunos me llevé mejor y con otros, peor. Lo que sí es cierto es que creo que ninguno de ellos la trató como merecía o como se debe tratar a una pareja. 

 

Con los años, por fin, mi madre se dio cuenta de que podía estar sola y de que antes de estar con cualquiera debía mirar por ella misma. Yo me alegré mucho de ello, aunque nunca le reproché nada de las elecciones que había hecho. Pero, a partir de aquí, se volvió una mujer que odia a los hombres. Sus frases más repetidas siempre han sido que todos son iguales, que no puedes fiarte de ninguno y diferentes generalizaciones que podían haber hecho mella en mí, pero que no lo hicieron porque desde muy pequeña mi mejor amigo es hombre y tengo claro que las personas somos personas, que no tiene nada que ver con nuestro género el que seamos mejores o peores, o con más o menos valores que los demás.

Yo tardé años en empezar a tener relaciones serias, era algo que no me atraía, puede que por ver a mi madre siempre sufriendo por ellas. Pero a los 25 conocí a mi primer novio con quien formalicé mi primera relación. Julián, era buena persona y siempre se portó muy bien conmigo. Estuvimos juntos un par de años, pero lo dejamos porque se acabó el amor. Por otra parte, él nunca entendió por qué no podía conocer a nadie de mi familia, yo no tengo padre y mi madre nunca quiso conocerle. Julián se sentía poco valorado, al final entendió que era cosa de mi madre y que yo no podía obligarla a conocerlo, pero aun así creo que esto también afectó, en parte, a nuestra relación. Por otro lado, yo sí conocía a su familia que eran encantadores conmigo.

Mi madre nunca jamás ha querido conocer a ninguna de mis parejas y no porque yo le haya contado nada malo de ellas, sino porque ella dice que lo mejor es estar sola, que todos los hombres son iguales, que yo puedo confiar en mi pareja, pero que seguro que por detrás me la está pegando, y que no entiende que habiendo visto lo visto en su caso yo sea capaz de mantener relaciones estables con ninguno. Al principio me afectaba mucho su forma de pensar, por mi pareja y por mí, al final me afecta mucho más por ella. 

 

Ahora llevo ocho años con mi actual pareja y ella no lo ha conocido ni tiene ninguna intención de hacerlo. Mario es un hombre maravilloso con quien tenemos una relación extraordinaria y con quien encajamos mucho, compartimos aficiones y gustos de diferente tipo. Estamos prometidos y seguramente nos casaremos el año que viene. Mi madre dice que si me caso, vendrá a mi boda, pero sigue diciendo que no entiende cómo puedo cometer el error de casarme y que, hasta entonces, no quiere conocer a mi pareja. Mario no lo entiende, pero lo acepta. Y a mí ya no me duele por nosotros, me duele por ella. Con esa actitud debería entender que necesita terapia, que necesita darse cuenta de que no todos los hombres son iguales, que puede ser que su elección o su mala suerte hayan juntado a todos los hombres infieles o maltratadores a su lado, pero que eso no significa que todos los hombres lo sean. Y la verdad, a pesar de que el comportamiento de mi madre es extremo, tengo a más de una amiga que dice eso, también he visto a alguna que otra usuaria del foro comentando que todos son iguales, que ya verás cuando te sea infiel, que seguro que lo es, etc. 

Amigas, no todos los hombres son iguales. Y no lo digo por mis parejas que quién sabe, tengo amigos varones que son maravillosos, que son fieles y que tratan a sus mujeres como reinas teniendo con ellas relaciones sanas. La lealtad, la fidelidad y el trato no vienen con el género, sino con la persona, y eso es algo que debemos tener en cuenta antes de ir diciendo esto a otras mujeres que sí estamos bien con nuestra pareja.

Me gustaría que mi madre pudiera tener una bonita relación con Mario o, al menos, que lo intentara, igual que yo tengo una relación muy buena con mi suegra. No sé si esto lo veré algún día, pero al menos, siento alivio de no pensar como ella siendo capaz de ser feliz en pareja.