La doble moral, mi marido la cagó durante todo el matrimonio, y cuando decido divorciarme, para todos, la mala soy yo.
Igualdad y una mierda. Desde el derecho al voto, hasta salarios iguales, todo es una mentira, porque estoy convencida de que las mujeres nunca, pero nunca, contaremos con los beneficios de los hombres. Os voy a plantear mi actual situación para que entiendan mi indignación.
Hace diez año me casé, estaba muy enamorada y tenía la idea de la familia perfecta y feliz entre ceja y ceja. En un comienzo todo iba viento en popa, pero como a los tres, o cuatro años de mi matrimonio, mi relación comenzó a decaer. El descenso empezó por pequeñas cosas, él se iba con sus amigos por unos tragos o a jugar futbol después del trabajo, los fines de semana también hacia planes de “hombre” (en fin) que no me incluían y por supuesto le manifesté mi descontento porque apenas nos veíamos. Strike uno.
Poco después le descubrí una infidelidad. Strike dos.
Lo perdoné porque como os he dicho antes, mi meta de vida, o al menos una de ellas era una familia de cuento a lo Disney y no iba a permitir que un pequeño error frustrara mis planes. Sin embargo y como podrán imaginar, eso fracturó la relación y al menos yo no me sentía de la misma manera. Tuvimos hijos, dos, y muy seguidos. Rápidamente me empezó a pesar que no hiciera nada, porque el primer problema (que salía mucho y el hogar no parecía ser parte de sus prioridades) persistía, con la excusa de que trabajaba mucho y necesitaba distraerse. Con los niños más grandes, decidí apuntar más alto y conseguí un cargo gerencial. Fue ahí, en ese instante, que me di cuenta que no quería estar en ese matrimonio ni un día más, porque ahí estaba yo, copada de trabajo y de cosas que hacer, y aún estaba presente en mi casa y para mis hijos. Ahí fue que caí en cuenta que todas sus excusas eran inválidas, y eran solo eso, absurdas excusas. Me despedí de mi sueño de una “familia perfecta” y pedí el divorcio. En ese punto exacto comienza el verdadero drama.

Vale, soy una persona muy comunicativa, ambos venimos de familias grandes, y nadie era ajeno a nuestros problemas, a como él la cagaba, y yo lo intentaba por ambos. Todo el mundo me apoyaba y decían entenderme hasta que decidí divorciarme. Porque parece que solo era buena cuando era la víctima, y cuando decidí rebelarme, pasé a ser la mala.
Tanto su familia como la mía comenzaron a recriminarme que estaba rompiendo la familia, el daño que iba a hacerles a mis hijos, el cómo estaba destruyendo todo lo construido…
Quedé impactada, porque por una década entera remé sola en el barco que era esa relación, y cuando me cansé ¿soy la mala? ¿Es eso justo?

Por suerte soy una mujer segura y si algo me dieron esos años fue madurez. Mi decisión es final aunque mi propia familia la condene con el cuento de que estoy siendo egoísta, o impulsiva. ¿Por qué mejor no condenar los errores de él? Esos que nos trajeron a este punto. No, para su mamá y la mía es más lógico decir que yo “rompí” la familia.
El comentario menos condenatorio que recibí fue “aguanta un poco más, a que los niños estén más grandes”. Igual de absurdo. No tiene punto.
Ahora, después de diez años sintiéndome sola e incomprendida, pasé a ser la villana y él la víctima, solo por haber tomado una decisión socialmente incorrecta, porque una buena mujer soportaría de TODO para mantener a su familia unida. Pues no, no esta mujer.