Yo era nueva en Madrid y solo conocía a mi novio, César, que era la razón de mi mudanza, claro. Estábamos genial juntos, pero echaba de menos a mis amigas, por supuesto, y el hecho de tener un círculo de gente más “mía”, porque solo me relacionaba con amigos de mi pareja. Marta, una chica de León de mi misma edad, también era amiga de César, pero en cuanto la conocí conectamos muchísimo y me di cuenta de que acabaría siendo más amiga mía que de él. Disfrutaba mucho con ella, nos reíamos mucho, y enseguida me cogió como confidente y compartía conmigo cosas que César no sabía, algunas de ellas ni siquiera podía contárselas yo, así me lo pedía Marta, y todo eso hizo que la complicidad entre nosotras creciera exponencialmente. Para cuando César quiso hacerme alguna leve advertencia, sin mojarse mucho, sobre Marta, ya era tarde, y además, me molestó que me tratara de tonta, como si yo no supiera ver las cosas con mis propios ojos. Según César, Marta había tenido episodios en el pasado en el que había sido un poco posesiva y manipuladora, y conmigo no estaba demostrando más que todo lo contrario, así que supuso una discusión, quizá la más fuerte que habíamos tenido hasta el momento.
Los meses fueron pasando y el triángulo César-Marta-Yo no hacía más que desequilibrarse: ella y yo cada vez más unidas, y César cada vez más alejado de nosotras. Me contó que una vez Marta y él se acostaron, y me lo dijo como para certificar que sabía de lo que hablaba, pero vamos, a mí me dio igual. Solo se me hizo un poco raro que ella no me hubiera dicho nada, pero también lo vi normal, si pensaba que yo no lo sabía.
Marta empezó a llevarme por el mal camino, por así decirlo. No pretendo hacerle a ella ni a nadie responsable de mis actos, pero me presentaba a amigos suyos y me animaba a ligar con ellos, a escondidas de César, obviamente. Y yo, poco a poco, fui cogiendo ese camino. Empecé a salir de noche, por discotecas, llegaba siempre muy tarde a casa, y me jodía que César me pidiera explicaciones. Hasta que una de esas noches, me acabé enrollando con un amigo de Marta. Aquello fue el toque de atención que me dio la vida, porque al día siguiente tuve una crisis de ansiedad muy fuerte, acabé en urgencias, y todo con el apoyo total de César, así que os podéis imaginar la mierda de persona que me sentía. Estaba arrepentidísima de todo lo que había hecho en las últimas semanas, y estaba super dispuesta a cambiar totalmente mi actitud y recuperar del todo mi relación con César.
Decidí no decirle nada a César, principalmente porque pensaba que no me perdonaría ni de coña, y porque no podía soportar pensar en la decepción que le supondría por mi parte. Egoísta, sí, pero solo porque estaba decidida a compensarle. Cambié radicalmente, volví a encauzar el camino más saludable física y mentalmente, y a Marta esto no le hizo mucha gracia. Primero me echaba la bronca por sentirme culpable, achacándole a César mi falta de interés en la relación, pero pronto empezó a ir por otros derroteros. De repente me venía con que estaba agobiada por estar guardando un secreto (mi secreto) que tenía que ver con un amigo suyo (César), y que eso le estaba suponiendo un mundo, que a veces se sentía tan mal que ni siquiera podía dormir. Yo no me lo podía creer. La misma persona que quiso incitarme mil y una veces a que le pusiera los cuernos a mi novio, ahora iba de santa y de incapaz de ocultarle algo así a su amigo del alma. Aunque yo tendría el terror escrito en mi cara, decidí fingir que no le daba importancia y hacer como que pasaba del tema, cuando en realidad la ansiedad me impedía hasta comer.
Empezó a llamar a César a menudo, a decirle que quería quedar con él para hablar de algo, y cada vez que pasaba esto yo me volvía loca. Por fin, decidí ser sincera con César y le confesé todo. Lo hice tan de corazón y tan desesperada que, aunque le sentó fatal, lógicamente, sí fue capaz de darle la vuelta y de verlo como un hecho aislado del que yo me arrepentía hasta lo más profundo. Marta, de esto, no supo nada, y pensaba que seguía con ese as debajo de la manga, así que empezó a publicar una especie de relatos en Instagram stories, como si fueran ficción, pero contando mi vida con todo lujo de detalles. Cambiando mi nombre y poco más, publicaba conversaciones reales que habíamos tenido, palabra por palabra. Nadie le hacía demasiado caso, pero claro, César sabía de quién hablaba realmente y había cosas que no le hacían ninguna gracia (algo más que comprensible). Así que, viendo que yo me estaba hundiendo ante la situación y cabreado conmigo pero mucho más cabreado con Marta, un día quedó con ella y le dijo que yo ya le había contado la verdad, que dejara de hacer el gilipollas, y que no volviera a aparecer por nuestras vidas.
Me fastidia admitirlo, pero desde que conocí a Marta soy mucho más reservada con la gente nueva en mi vida; a veces no sabes con quién te la estás jugando.
Anónimo
Envía tus movidas a [email protected]
