Llevo mucho con mi novio y los únicos problemas entre nosotros están relacionados con el dinero. ¿Triste? No, inevitable. Tal vez sería triste y lamentable en el caso de una familia con altísimo patrimonio, pero no es nuestro caso.

Dentro de la escasez, tenemos dos visiones muy diferentes de la vida:

  • Mi idea de vivir sin lujos que no nos podemos permitir, pero con cierta comodidad.
  • Su idea de gastar única y exclusivamente lo que tiene y priorizar el ahorro.

Fruto de esta disparidad de criterios, pueden surgir roces cada vez que se plantea un gasto. En diciembre, por ejemplo, le dije que quería comprar una lámpara de suelo para el salón, porque solo tenemos la de techo, que es luz fría, y por las noches quiero tener un ambiente más íntimo y tenue para leer. Estaba yo pensando en una lámpara de Wallapop de 15 €, ¿eh? No os vayáis a pensar que quería una de diseño de tienda de decoración cara.

Me dijo que ese gasto tal vez habría que meterlo en otro mes, porque en diciembre, entre regalos y salidas, no era el momento. Parece razonable, pero negativas y propuestas de dilación de este tipo tengo prácticamente cada vez que planteo un gasto. Y, además, lo que verdaderamente me molesta de esto es el tono tan descorazonador que emplea: “Tú sabes que no estamos bien. Tenemos muchos problemas”, me dice. Por una puta lámpara de segunda mano de menos de 20 pavos me hace sentir al borde del abismo.

Cada vez que hablo con él de nuestra situación económica es como si nevara dentro de mí, en serio. Me apaga como un dementor que absorbe la felicidad y hace sentir que no vas a volver a sonreír en la vida. Cuando la realidad es que llevamos prácticamente una década viviendo juntos sin pasar hambre, sin retrasarnos en los pagos y sin renunciar a un ocio modesto y algún que otro capricho.

El pasado influye

Yo creo que mi novio trae un bloqueo de serie que se le activa en el momento en el que se plantean gastos extraordinarios. Y he llegado a pensar que, si llegáramos a ganar mucho dinero, tampoco se le quitaría. No basta con ingresar más, para quitarle el bloqueo tiene que ir a terapia, o a hipnosis, o nacer de nuevo.

Es una bella persona y lo amo, pero es exasperante observar una cara de acelga que no puede disimular cada vez que le digo que necesito ropa, o si salgo a tomar unas tapas con amigas dos días seguidos.

Él se crio en una familia muy humilde que, durante la mitad de su infancia, tuvo problemas económicos. Nunca les faltó de nada, y lo cierto es que sus padres prosperaron y, a día de hoy, hasta tienen un chalé con piscina en una urbanización privada de las afueras. Pero él, aparte de comida, ropa y material para el colegio, nunca tuvo grandes juguetes, ni vacaciones, ni “lujos” de ese tipo.

Mi familia también era humilde, pero sí teníamos para unos regalos de Reyes considerables y un par de semanas de vacaciones en verano. Muchas veces, todo eso era posible gracias al pago aplazado y la deuda. Mi madre, al tener plaza fija, ha tirado de financiera cuando ha tenido que hacerlo, con la tranquilidad de saber que siempre iba a haber ingresos al mes siguiente. Hasta donde sé, nunca le han devuelto un recibo.

Mi novio parece que tiene ese miedo en el cuerpo, un “traumita” del pasado o yo qué sé, y ahí está, que ni vive ni deja vivir.

¿Quién tiene razón?

Salgo poco, opto por bares y no por restaurantes, me compro cuatro o cinco prendas de ropa al año, voy a la peluquería una vez en abril, no me hago las uñas y mis cosméticos son de Deliplus. Cuando hay evento, me maquillo en casa y, si acaso, voy a la peluquera del barrio, que me cobra 8 € por hacerme ondas. Para que os hagáis una idea de cómo es mi vida y lo que gasto. En casa están entrando ahora unos 2.300 € al mes contando las dos fuentes de ingresos, pero han sido menos durante meses de escasez de clientes. Pagamos poco de alquiler, eso sí.

Lo único que creo que se me puede reprochar es que, hace unos meses, unas amigas me convencieron para irme con ellas de viaje. Como el vuelo iba subiendo y subiendo, en lugar de esperar a cobrar las siguientes facturas pendientes, tiré de la línea de crédito con idea de reponerlo en cuanto se pudiera. Se juntaron otros gastos y hubo un descubierto de 400 € durante un par de meses. Yo no me sentía nada incómoda con la situación, sino con confianza, pero mi novio estaba amargado. Fue entonces cuando le planteé lo de la lámpara para el salón y me soltó lo que ya he contado.

Sé que os falta mucho contexto y muchos datos, pero conocéis la esencia de la historia. Es así. Y me pregunto: ¿él es agarrado y ridículo, como cientos de veces le he dicho al hablar sobre gastos?, ¿o soy yo la que debería dejar de ponerlo nervioso planteando gastos y dejar de vivir para que esté tranquilo?

Me he puesto como propósito ingresar más a corto-medio plazo, pero no soy optimista con que este tipo de discusiones vayan a pasar a la historia. Ya os contaré.