Pues mi novio me ha dejado. Y, ¿la verdad? No estoy terriblemente afectada. El terriblemente afectado parece que es él. Por lo visto, soy una egoísta sin sentimientos, castradora afectiva y de corazón de piedra. Palabras textuales del muchacho.

A ver, antecedentes: yo no soy ningún portento de belleza. Normalita, del montón. Pero, a veces, cuando me maqueo, pues oye, estoy resultona. Una noche de fiesta con las amigas, capté la atención de un buenorro de discoteca. El tío estaba para hacerle dos favores, así que bailamos apretadito, dejé que me comiera la oreja, nos dimos algún morreo que otro y los teléfonos. Porque yo había salido con amigas, y nuestro lema es no dejar nunca a las compañeras atrás.

La siguiente vez que nos vimos fue para tomar un café. El tío era un gym bro de manual y la verdad es que daba gusto verlo y tocarlo. Tenía un culito de cereza que daban ganas de mordisquear. De conversación agradable y risa bonita.

Fuimos quedando más y, al cabo de unas cuantas citas, me invitó a tomar la última en su piso, y pues, ya sabéis. Yo me esperaba un buen polvo, pero la verdad es que fue tirando a regulinchi. A ver, no fue el peor polvo de mi vida, pero tampoco el mejor. El muchacho se centraba bastante en pedirme que le tocase por todo el cuerpo (eso sí, daba gusto, para qué vamos a negarlo) y, cuando fue el momento, pues se corrió bastante rápido. Y yo me quedé un poquito a medias.

Bueno, pues la cosa se fue repitiendo en las siguientes citas que acababan en polvo. Él quería que yo gozase admirando su cuerpo, pero después, alguna vez había tenido que acabar yo solita en el baño, porque me daba corte decirle que yo no había culminado y no quería quedar como una egoísta.

Las citas con él eran agradables, pero el sexo dejaba bastante que desear. Poco a poco, le fui descubriendo un carácter rayando el narcisismo. Se gustaba y quería gustar. Y yo tengo otras prioridades en la vida. Esto de tener que estar de admiradora crónica no me iba y me estaba empezando a molestar.

Hace poco, una noche de fiesta, por el alcohol o por las hormonas, yo estaba totalmente hot. Y tenía ganas de que me diesen como cajón que no cierra. Me había puesto mi lencería especial y quería estallar de placer.

Pues después de la fiesta, nos fuimos a casa de mi chico. Me hizo un striptease de diez y nos pusimos al lío. Y a los pocos minutos, él se corrió. Y yo, que estaba un poquito harta ya del tema y desinhibida por el alcohol, cuando vi que se retiraba y que yo aún no había terminado, se me escapó decir en voz alta:

“Joder, ¿ya te has corrido? ¿No puedes seguir? ¡Yo estoy a medias!”

Él se levantó totalmente ofuscado y se fue al baño. Y yo, pues, me hice un apaño en su cama, porque no quería quedarme así.

A la mañana siguiente, él estaba tirando a frío conmigo, pero se fue para el gimnasio y no le di mucha importancia.

Durante dos días, casi no hablamos, hasta que el otro día me dijo que quedásemos porque teníamos que hablar.

Parece ser que mi frase de la otra noche le había hecho mucho daño. Ahora se siente inseguro respecto a nuestra relación y cree que no nos compenetramos como pareja sexual. (Ja, que me lo digan a mí.) Me he disculpado por mi frasecita y le he intentado decir que me sentía un poco insatisfecha con nuestras relaciones sexuales, porque parecía que solo le importaba correrse él.

Y ahí es cuando me ha soltado que soy una egoísta sin sentimientos, castradora afectiva y de corazón de piedra (a ver, palabras no le faltan). Y me ha dejado, porque no tenemos futuro.

¿Un secreto? Suspiro de alivio de haberme quitado este muerto de encima… y nunca mejor dicho.

Envía tus movidas a [email protected]