Tengo buen sexo con mi pareja. Basado en el cariño, el respeto y las ganas de jugar que solemos tener ambos dos. Una relación bonita que me llena y me da paz. ¿Qué más se puede pedir?
Pero creo que últimamente mi chico, después de una sesión de triqui triqui, se queda como mustio, como mohíno. No sé. Pone cara seria, se da la vuelta y se pone a dormir. Le pregunto si le pasa algo y un día me dice que está cansado, otro que no se encuentra muy bien, otro que ha tenido mal día en el curro… Y no le consigo sacar nada de información.
El otro día quedamos con los amigos a cenar en casa. Buena compañía, buena comida, bastante alcohol. Estábamos charlando en la sobremesa y una amiga dijo que hacía relativamente poco que había descubierto que era multiorgásmica. Toma, y yo. No es que encadene un orgasmo detrás de otro, pero tengo una facilidad increíble de recuperación y, con nada de estímulo, paso a tener un segundo y un tercero… Y nada, que diversión sin fin.
—¿Verdad, cari? ¿A que nosotros nos lo pasamos muy bien con el sexo?
A lo que mi chico dijo que algunos mejor que otros. ¿Perdona? A ver, desarrolla eso.
Y como el alcohol suelta la lengua y, por lo visto, era algo que le llevaba royendo por dentro hacía tiempo, pues lo soltó.
Que claro, que con los preparativos estaba contento. Él se lo pasaba bien preparándome y le gustaba cómo le preparaba yo. Que el momento del clímax, también bien. Que solía tener buenos orgasmos. Pero a ver por qué tenía yo que querer continuar. ¿Eh? No entiendo la pregunta.
Sí, que por qué yo podía continuar. Bueno, pues porque puedo. No sé, yo no hago nada para que sea así; supongo que así me parieron. Como la que es rubia o la que tiene pecas. No hemos hecho nada para ser así. Lo somos y ya está.
Que no le parecía justo. ¿Disculpa? Que por qué yo puedo y él no. Que eso hace que yo me lo pase mucho mejor que él en la cama y no le parece bien. Que tendría que ser algo de igual a igual. Que siempre era “sí”. Y que no podía ser que yo tuviera más que él.
—¿Eso es por lo que has estado molesto las últimas veces?
—Es que te parecerá poco.
Se hizo un silencio un pelín incómodo. Yo, la verdad, es que estaba un poco en shock. Pero entonces nuestro amigo más mayor, que es el más pasota del grupo, se levantó y le dijo en toda su cara que era un niñato egoísta y quejoso. Que le daba vergüenza lo que acababa de oír. Le dijo que dejase de ser un llorica y que disfrutase de la suerte que tenía de tener una mujer que le quería y a la que podía ver disfrutar con el sexo que él le proporcionaba.
Luego me miró a mí y me dijo que si ese atontado no me satisfacía, que él estaba dispuesto para lo que yo quisiese. Luego se tiró en el sofá y se puso a dormir la mona.
Resultó todo tan absurdo que nos pusimos a reír y nos olvidamos del tema.
De esto hace unos días. La verdad es que mi chico y yo no volvimos a hablar del tema. Pero sí es cierto que parece que cuando tenemos sexo ha dejado de estar enfurruñado al final y vuelve a ser el de antes.