Tengo un amigo -llamémosle Pablo- con derecho a roce, nada serio, solo sexo y pasar el rato juntos. Siempre que quedamos nos lo pasamos pipa. Es un tío super abierto y lo pasamos genial en la cama, además de llevarnos de maravilla e ir a cenar, ver pelis, etc.
Hace poco me propuso ir a tomar algo a un club de intercambio, él ya había estado en varias ocasiones pero yo no, así que accedí, me daba curiosidad ver cómo era aquello.
En dicho club, tenían día de lencería, día de ir desnudos, día de disfraces… El día que fuimos, era de ir desnudos, solo podías llevar los albornoces que te ofrecían los camareros. Al principio me daba un poco de vergüenza, porque además soy una tía bastante gordita y el albornoz me quedaba algo pequeño, pero era lo que había.
Pablo iba como Pedro por su casa, cero vergüenza y cero complejos, eso es algo que me encanta de él; Estuvimos tomando algo en la barra y yo mientras observaba el percal, cada uno a lo suyo, sin juzgar a nadie, simplemente disfrutando, así que decidí hacer lo mismo.
Fuimos a dar una vuelta por el local y pude ver una piscina, una sauna, un par de mazmorras, varias habitaciones con ventanas las cuales podías dejar abiertas o cerradas (dependiendo de si querías que te vieran o no mientras te lo montas), y una sala con sofás enormes y una TV en la que ponían imágenes subiditas de tono.
Pablo y yo nos sentamos en esos sofás y comenzamos a enrollarnos, cuando quise abrir los ojos estábamos rodeados de gente mirando y tocándose alrededor nuestra. Me quedé un poco pillada, era algo nuevo para mí, pero por otro lado me sentí poderosa, toda esa gente mirándonos y poniéndose a tono porque les gustaba lo que veían, así que me dejé llevar y acabamos montándonoslo allí mismo. Yo estaba como una moto, todo sea dicho… Esa situación completamente nueva para mí, con Pablo diciéndome «aquí mandas tú», me puso muchísimo.
Cuando terminamos, fuimos nuevamente a la barra a hidratarnos un poquito después del espectáculo y vimos que había un chico bastante mono, estaba solo y no nos quitaba el ojo de encima, nos sonreía y se le veía un poco tímido. Nos pusimos a hablar con él y era su primera vez allí, así que entendí esa sensación.
Tras un rato hablando y conociéndonos, Pablo me preguntó si quería que nos fuésemos a una de las habitaciones con nuestro nuevo amigo y dije que sí. Nunca había hecho un trío y, aunque varias personas me han dicho que «no es para tanto», quería tacharlo de mi lista, aunque sea una fantasía muy típica, pero era el momento perfecto para ello.
El chico nuevo estaba bastante nervioso y yo no sabía por dónde empezar, así que Pablo tomó la iniciativa y empezó a acariciarme, cogiendo la mano del chico y diciéndole que se acercase. Allí estaba yo, entre medias de dos maromos entregados a mí y a mi placer totalmente (y con las cortinas abiertas, teníamos espectadores).
El chico nuevo no tardó en soltarse la melena y en interactuar tanto conmigo como con Pablo, y uf, yo estaba megacachonda viendo esa estampa, todo sea dicho. Me sentí como una diosa, ambos estaban a expensas de lo que yo quería y de cómo lo quería, con respeto pero muy caliente todo.
Cuando terminamos y quedamos todos satisfechos, nos dimos una ducha juntos y entre besos y toqueteos, nuestro amigo se despidió de nosotros, ya que tenía que irse a casa. No volvimos a verle, ni nos dimos los teléfonos ni nada, todo quedaba allí, entre esas paredes y todas las miradas que habían estado atentas a nuestro espectáculo. Y así debía ser.
Pablo y yo salimos de allí bastante contentos con la noche que habíamos pasado, tanto que ya le he propuesto ir a otro club que conoce, espero que se nos dé igual de bien la noche.
Anónimo
Envía tus movidas a [email protected]

