Estoy desolada y siento una pena enorme en mi interior y tengo tantas ganas de venganza que no sé cómo saciarla, así que he pensado que lo mejor es mudarme y ya estoy buscando piso. Mi vecina ha matado a mi gato. A pesar de no poder demostrarlo, sé que ha sido ella.
Vivo en un ático donde las terrazas están pegadas las unas a las otras. Llevaba ocho años con mi gato, mi mejor amigo, mi compañero, mi hijo peludo. Quería a mi gato tanto que nunca hubiera imaginado que podía pasarlo tan mal como lo estoy pasando. Hace unos meses, una vecina me paró en el rellano y me preguntó si el gato marrón que a veces visitaba su terraza era mío. Le dije que sí, porque es cierto que cuando no estaba presente el gato se iba paseando por las terrazas, pero al llamarlo volvía enseguida a casa. Ella me dijo que no le gustaba, que no es que se hiciera pis en su terraza ni nada desagradable, que simplemente no le gustaba y que hiciera lo posible para que no volviera a pisar su patio porque, de no ser así, no le iba a hacer nada bueno.
En esos momentos me quedé helada; pienso que debería haber pensado que esa frase podría ser un aviso de verdad, pero no me lo tomé como tal, pensé que era una señora que odiaba los gatos, sin más. Al tiempo, mi gato iba escondiéndose de mí, no lo encontraba, siempre estaba acurrucado en algún sitio lejos de mi visión, y empecé a preocuparme. Mi gato era muy cariñoso y le gustaba mucho estar conmigo. De repente, empecé a darme cuenta de que no comía: el plato siempre estaba lleno, y de que tenía los ojos algo amarillentos. Lo llevé al veterinario y este me dijo que mi gato había sido envenenado; es más, que no es que hubiera comido algo en mal estado, es que había tomado veneno.
Furiosa, fui a llamar al timbre de la vecina y le pregunté qué le había hecho a mi gato. Me dijo que nada y que me fuera de su casa, cerrándome la puerta en la cara. En esos momentos, decidí invertir toda mi energía en curarle; lo tuve ingresado, hice todo lo que el veterinario dijo que debía hacer, hice todo lo que estuvo en mi mano, pero mi compañero peludo no pudo luchar más, no podía ni mantenerse en pie, y tuve que sacrificarlo.
Este ha sido uno de los momentos más duros de mi vida. Después de un mes de aquello, mi gato murió y no puedo ni olvidarlo ni superarlo. Sé que haga lo que haga en contra de la vecina tengo todas las de perder; no puedo demostrar que ella fue quien lo envenenó, y sería mi palabra contra la suya si explicara lo que me dijo. Pero cada noche tengo ganas de hacer algo para vengarme de ella, así que, entre este sentimiento y el de tristeza, he decidido buscar otro piso y mudarme, y empezar de cero.
Nunca olvidaré a mi mascota. Creo que debí haber vigilado que no se paseara por la terraza de la vecina e intenté evitarlo cada vez que lo vi, pero en lo que más pienso es que deseo que el karma le dé su merecido a una señora capaz de matar a un gato inocente, sabiendo que va a sufrir una muerte dolorosa y que va a dejar a una persona con un vacío enorme y una tristeza muy difícil de superar.
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