Fallo mío, de principio a fin.
Probablemente estéis pensando que lo podría haber evitado, que les podría haber pedido el dinero luego o que podría haberles explicado el malentendido.
Y tendréis razón.
Pero mira, todo se dio así y una ha dejado que todo quede en el aire. Ya me da vergüenza volver atrás.
Todo empieza en una cena, éramos 14 amigas. Sé el número exacto porque lo organicé yo.
Elegí el restaurante, cuadré día y horario con todo el mundo, gestioné las bajas de última hora y nos plantamos allí.
Juntarse tantas siempre cuesta. Si no son los hijos, es el trabajo, los compromisos, el agotamiento o la familia. Y ahora además, con la época que es, muchísima gente enferma. Así que imaginaros el lío y los dolores de cabeza.
En fin, llegamos al restaurante y pasamos una comida estupenda, sin privarnos de nada. Elegí un restaurante japonés de los clásicos y nos pedimos entrantes, sake por un tubo, platos enormes y postres.
Yo acabé más para allá que para acá. El sake corría como si fuera agua. Nos pusimos al día, reímos hasta llorar, cantamos… Fue una muy buena comida.
Y entonces, llegó la parte que yo me perdí.
A la hora de irnos, yo tuve que pasar primero por el baño, porque me meaba viva y mientras tanto, mis amigas fueron a la caja para ir pagando su parte.
No me enteré de qué cuando llegaron allí, les dijeron que no podíamos pagar por separado. Todas se quedaron blancas y se empezaron a mirar con cara de poker. La comida salía a 22€ por persona, es decir, 308€ en total que alguien tenía que soltar de golpe.
Se ve que estuvieron unos minutos hablando de hacer bizum a alguien y preguntando quien podía pagar todo, porque ninguna tenía para hacer ese desembolso de golpe, y entonces, salí yo.
Cabe decir que todas íbamos un poco pasadas. Cuando yo vi el panorama, lo que entendí es que todas habían pagado, me estaban mirando a mi porque faltaba yo y estaban tensas porqué estaba tardando.
Pensé que estaba incomodando a los propietarios por desaparecer y que quizás parecía que no quería pagar, así que, des del baño, saqué la tarjeta gritando: «ponme a mi todo lo que falte».
Un par de amigas me dijeron «¿en serio?» «¿seguro que puedes?». Y yo me reí pensando que me estaban vacilando.
El camarero de la caja, me preguntó «¿tú invitas?» y yo le dije: «por supuesto».
Mis amigas empezaron a aplaudir y a corearme como energúmenas etílicas. Yo me vine arriba, hice un bailecito y pasé la tarjeta. Todas aplaudieron y nos fuimos de allí a seguir la fiesta en un karaoke.
Ya me pareció raro que algunas se acercaron a decirme «tía yo te lo pago», pero claro, ¿como me iban a pagar mi parte? Yo les decía que no, que estaban locas y que se olvidasen de pagarme nada.
Empecé a pensar que quizás pensaban que tenía problemas económicos y por eso querían invitarme, así que empecé a repetir que estaba bien de dinero y que me dejarán en paz.
Ahora lo miro en perspectiva y me parece increíble lo rodadas que fueron las cosas, casi de película.
Fuimos al karaoke y ellas me invitaron. Me ofendió porque no entendía la obsesión de que yo no podía pagar, pero mira, se pusieron pesadas y acepté.
Nos lo pasamos genial, cada una se fue a su casa y todo perfecto.
Al día siguiente, pasaron las fotos por el grupo y me agradecieron mi generosidad, que yo entendí que se referían a organizar todo y demás.
Nos dijimos cosas bonitas y ya no le di más importancia.
Los siguientes días, se refirieron a mi como «mi amiga la rica» o «la panojas», yo creía que era una continuación de la coña, hasta que 2 días después, me entró el cargo en la tarjeta.
Me costó 308€ entender todo y atar cabos. Fue un sablazo que no me esperaba y me dejó fría.
Fui rememorando todos los comentarios y las situaciones. No me podía creer el pozo en el que me había metido sola.
Sé que podría haberlo aclarado y comentado. Pero después de como fueron las cosas, me daba vergüenza y me parecía fuera de lugar, porque es que les confirmé mil veces que lo pagaba y que estaba bien de dinero. Decirles ahora que me pagasen me parece como de «aprovechada». No sé explicarlo.
Así que nada, me tocó apretar el cinturón y, para las siguientes veces, asegurarme bien de lo que estoy pagando.