Mis amigas dicen que no tienen pelos en el culo 

Decir, lo dicen, otra cosa es que yo me lo crea.  

Veintiún años tenía yo (y ahora no diré cuántos tengo pero de esto hace ya 14), cuando en  un viaje a Argentina la esteticien se ofreció a hacerme el “tiro de cola”. Acompañada por una  amiga y por una notable ingenuidad, casi me muero de la risa cuando me explicó que se  trataba de cubrir mi ano en cera para quitarme los pelillos con el objetivo de que el sexo anal  fuera más limpio. No necesitaba yo en ese momento ningún tiro de nada. Y ahora, necesitar,  tampoco sería el verbo. Creo que la mayoría estamos de acuerdo en que en los pelos de los  demás, no hay que meterse, son asunto de cada uno. A mí, me gusta quitármelos. Más bien,  me gusta cuando los tengo quitados, luego pueden pasar meses hasta que me acuerdo o  saco tiempo y ganas de volver a quitármelos. Con todo esto quiero decir, que los pelos del  ojete existen y la gente que los tiene y la gente que los quita, también.  

Pues bien, un día se me ocurrió comentar que quería hacerme los empeines a láser, que  queda un poco raro eso de tener las piernas depiladas y los pies peluditos. En ese momento  mi cara se transformaba gradualmente en la de Chewbacca con cada interrogante de mis  amigas: “¿En los pies? ¿Pelos? ¿En los empeines? ¿Pero muchos?”: Como para contarles  que la chica del láser ya me había explicado que, tumbadita boca abajo y abriéndote tu misma  los cachetes, ella te hacía ahí un repaso que te dejaba el ano increíblemente suave. Como  yo pelos en el cuerpo sí, pero en la lengua no, voy y lo suelto; “pues también me encantaría  hacerme esto.” Ay, chica, que no será para tanto. Yo alguno tengo, pero como para  depilarme… Te referirás a esa zona un poquito más debajo de los labios, ¿no?. Sí, al ano,  vamos. Perianal. Llámalo X, pero que de lo de alante a lo de atrás hay solo un par de  centímetros. Y yo, cerquita de los dos agujeros, tengo pelo.  

En fin, que no me he decantado por esta opción todavía. Yo me tumbo en la cama, preparo  un espejo, trocitos de papel con cera fría y juego a atinar. A veces, acabo de cuclillas encima  del espejo. Otras, abandono la tarea. Y alguna también, me pillo algún pellejo de chicha que  acabo estirando y pringando gratuitamente. Estoy incluso pensando grabar un tutorial a mis  amigas. O mejor, pedirles que me graben uno ellas y ver cómo lo hacen, porque por mucha  cara rara que pongan, estoy convencida de que ellas también son del club del culo melenudo.

 

Anónimo

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