Hace un tiempo descubrí que una de mis mejores amigas había basado nuestra amistad y, en general, toda su vida en una sucesión eterna de mentiras encadenadas, lastimando a quien se pusiese por delante sin ningún tipo de contemplación.

¿Qué estará enferma? Es probable, porque no he visto a nadie mentir con tanta facilidad, inventarse cosas tan tremendamente graves como quien no quiere la cosa y salir de cada situación siendo siempre la víctima.

No quiero darle mucho más pábulo a esto, pues hace tiempo que conseguí que dejase de doler, pero, no sé por qué, cada vez que pienso en ella o alguien me habla de ella, hace su aparición estelar y me llegan noticias sobre ella llenos de odio y más mentiras hacia mí, que vivo ahora tan tranquila lejos de ella.

El caso es que esta persona tenía como costumbre grabar todas sus llamadas, grabar con el teléfono sus conversaciones conflictivas y luego usarlas en su beneficio (sacadas de contexto, eligiendo en qué minuto cortar para que apoyase sus mentiras, etc). Si, sé que parece de película, pero os puedo asegurar que es así como lo cuento. A mí siempre me resultó algo extraño, pero con la vida de película de antena tres que llevaba, pues no me extrañaba que quisiera tener pruebas de cada paso de su vida.

Entonces me tocó a mí. Su credibilidad quedó en entredicho porque decidí dejar de justificar todas sus faltadas y sus mentiras y esconder sus malas intenciones con la excusa de que la pobre estaba mal. Ella me hizo daño y yo, en un ataque de moralidad y de ira contenida, destapé la caja de pandora, dejando salir la mierda de años que llevaba guardada dentro de mí por “el bien de todas”.

Como suele pasar, todo esto se me vino en contra, pues había tardado demasiado en hablar y ella llevaba muchos años trabajando su papel de eterna víctima y yo, la verdad, tengo tanto carácter (eso dicen…) que no puedo parecer tan inocente como ella ni intentándolo, pues solamente con abrir la boca todo un repertorio de palabras malsonantes se acumula en mi lengua. ¿Y qué culpa tengo yo? ¿Es más inocente la que dice “jolín” que la que pasa la vida diciendo que está hasta el coño? Pues parece que sí.

¿Dolió? Mucho, pero si mis verdaderos dramas no pudieron conmigo, no iba a ser esta situación la que acabase con mi salud.

Ha pasado un tiempo y aquella persona que no supo a quien creer y que decidió romper con ambas su relación de amistad íntima (muy respetable) ahora me explica que es que yo no puedo aportar pruebas de lo que digo. Solamente el testimonio de una decena de personas que la han escuchado durante años contar las intimidades de nuestra amiga común con mofa, que la han oído decir tremendas burradas sobre ella a sus espaldas, pero como es gente de mi familia, mi marido o personas a las que yo conozco, no son válidas, pues pueden estar influenciadas.

Entonces me vi intentando pensar en qué pruebas puedo aportar… ¡¿Qué?! No. Mis pruebas son las CERO cantidad de veces que me han pillado en una mentira, las cero veces que he confabulado con ellas mentiras para hacer daño a otra persona (por mucho que supuestamente se lo mereciese). Lo que me faltaba ahora, después de tanto tiempo y tanta terapia y de saber que esa persona sigue buscando la forma de involucrarme en más basura, es ponerme a pensar en qué manera puedo mendigar mi credibilidad que, en realidad, me la he ganado en estos 37 años a base de sinceridad, lealtad y moral, características inalcanzables para esta persona.

Siento mucho usar este espacio para desahogarme nuevamente sobre este tema, pues ya me aburre, y siento mucho si al leerlo alguna se siente de nuevo ofendida, pero sinceramente, es un lugar donde puedo contar no “mi verdad” sino La verdad (porque por más que nos empeñemos, solamente hay una) sin ser juzgada en el mismo momento. Puedo contar lo que pienso sin caras de incredulidad, sin contraargumentos y sin juicios.

Una prueba más que clara podría ser mi actitud de intentar mantener un perfil bajo y alejarme lo máximo posible, mientras la suya es inventarse más supuestas negligencias por mi parte como madre y supuestas traiciones como amiga cuando, os prometo, no me puede importar menos lo que le pase.

Todo esto me lleva a otra conclusión nueva y es que, si debo aportar pruebas como si se tratase de un juicio y yo una acusada, quizá deba cerrar este capítulo definitivamente y reordenar de nuevo a las personas que debo intentar conservar y las que, habiéndose posicionado desde un principio, quizá estén mejor no en un segundo plano sino fuera totalmente de él. Quizá me haya humillado ya suficiente en este tiempo consintiendo algún desprecio, mucha frialdad y que se ponga en duda mi palabra.

¿Duele nuevamente? La verdad que no, mi terapeuta es maravillosa y mi fortaleza se ha multiplicado, al igual que los problemas de los que debo ocuparme y que me impiden entrar en bucle con estas cosas que no deberían ocupar ni un segundo de mi vida.

A mi psicóloga: Ya lo he escrito para sacarlo de dentro, solo que ahora lo van a publicar. Un pequeño matiz al margen de la terapia.

 

Luna Purple.