Tengo la impresión de que, después de siglos de represión, estamos viviendo el momento de la liberación del coño en todo su esplendor. Al menos intentándolo. Fuera imposiciones sobre su estética, fuera mitos, fuera todo lo malo que nos hicieron creer a lo largo de la historia. Ahora ¡que vivan los coños! Los peludos, los pelados, los gordos, los desiguales, los tímidos, los extrovertidos. Démosles todos los usos posibles a nuestras vuelvas, sí señor. Cada una lo que quiera, como quiera y cuando quiera. Porque, en cuanto al cómo, he notado que desde hace un tiempo parece que se está normalizando algo que, aunque a mí me parece estupendo que se normalice, yo no lo quiero poner en práctica. Y es que yo moriré sin que me coman el coño. ¡Coño! Que me da asco y me da igual lo que me digan, no quiero ni probarlo.
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Es mi decisión ¿no? Pues no sé qué pasa que parece que soy la única que no quiere tener una lengua juguetona entre las piernas. ¿Soy yo, que estoy sensible con el tema, o nos pasamos el día recibiendo mensajes de que te coman el coño es lo más de lo más? Como si para la mujer el sexo satisfactorio no fuera posible si no pasa por ahí. Pues yo he experimentado mil formas de placer sexual y ninguna de ellas ha implicado tener la boca de la otra persona alrededor de los labios con los que no hablo. Sí lo digo. Una mujer puede gozar y correrse sin que le practiquen sexo oral. Lo juro. Doy fe. Confirmo.
Pero es que, como digo, últimamente nos bombardean con ese mensaje y los tíos se lo están aplicando. Lo cual me pone a menudo en la tesitura de tener que decirles a los chicos con los que me pongo retozona que no, que saquen sus cabezas de ahí abajo y me trabajen con los dedos todo lo que quieran. Pero que usen la lengua con mis tetas, por ejemplo, que ahí sí que me mola.
De verdad, que la culpa es de los medios. De Insta, de la tele… Si hasta en la literatura nos meten por los ojos esa idea de que el sexo comienza con una bajada al pilón. Que sé de lo que hablo porque yo leo mucho y mucho smut (codazo, codazo, guiño, guiño). No hay novela romántica con escenas spicy que no tenga una buena comida de coño en cada una de ellas. Chica, qué cansino. No niego que sea lo ideal para muchas, pero no vale para todas, joder.

Que a mí me violenta mucho. Y si ya me da repugnancia leerlo, no veas la que me da imaginar que lo experimento en mis carnes más rosaditas. Y lo que me corta el rollo que me anden por ahí con la boca. Si es que me cierro solo de pensarlo. Me da muchísimo asco, me entra incluso una sensación de ansiedad que… uf, escalofríos.
Que moriré sin que me coman el coño, pero no por ello moriré menos satisfecha.
Anónimo
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