Soy mujer, hago ejercicios de fuerza pesada… ¡y no me avergüenzo ni un poquito de ello!
Hoy en día, parece que sigue siendo mal visto que una mujer tenga expectativas de levantar peso o que tenga un cuerpo “menos normativo” por entrenar con fuerza.
Pues bien, vengo a reivindicarlo: la fuerza no tiene género y los beneficios son infinitos.

Veamos solo algunos de los superpoderes que nos da este tipo de ejercicio:

  • Mejora la salud ósea y ayuda a prevenir la temida osteoporosis.

  • Aumenta la masa muscular, quemando más calorías incluso en reposo.

  • Reduce el riesgo de lesiones y problemas cardiovasculares.

  • Libera endorfinas, mejorando el humor y dándote esa sensación de “puedo con todo”.

  • Potencia la autoestima, porque cuando ves lo que tu cuerpo es capaz de hacer, ¡te sientes imparable!

Y eso es solo la punta del iceberg: más autonomía, mejor cognición y una calidad de vida que da gusto.

Muchas mujeres (yo incluida) no hacemos fuerza solo para competir o “vernos grandes”.
Muchas lo hacemos por salud, por sentirnos fuertes en todos los sentidos.
En mi caso, con un historial médico complejo y secuelas derivadas del cáncer, la fuerza me ha dado resultados reales:

  • Mi densidad ósea mejoró un 30 % después de solo seis meses de entrenamiento adaptado.

  • La autoestima sube por las nubes, porque además de superar los retos del entrenamiento, veo que en mi día a día puedo valerme por mí misma.

¿Mi récord personal? Aguantar 200 kg sobre mi espalda durante 30 segundos.
Sí, es un ejercicio brutal, pero súper efectivo para los huesos… y para la confianza.

Por todo esto y mucho más, quiero lanzar un mensaje a todas:
olvidad los roles de género, dejad las clases “solo para mujeres” y atreveos a levantaros a vosotras mismas (literal y figurativamente).
No hace falta ponerse 200 kg en la espalda desde el día uno; cada cual tiene su ritmo y su necesidad.
Pero si empezáis, notaréis cambios enormes en vuestra fuerza y en vuestra vida.

¡Mujeres fuertes por siempre! 💪

Slowlyta