Rocío llevaba tiempo distanciada de su madre. Siempre habían discutido mucho, pero en los últimos años su madre no soportaba que Rocío tomase sus propias decisiones sin acatar sus consejos cual si fueran órdenes.

Cuando cambió de trabajo la dejó de hablar durante meses porque ella le había dicho que no se le ocurriera hacer tal cosa, que estaba bien donde estaba. Cuando se mudó de piso le montó un escándalo por no haber ido a ver el que ella había elegido, que no tenía ninguna de las características que Rocío y su marido querían, pero ella decía que era mucho mejor para ellos. Cuando tuvieron al primer niño, ella quiso elegir el nombre. No le dejaron, de hecho, le dijeron que no dirían el nombre del bebé hasta su nacimiento. Así que no lo quiso conocer, pues aún estaba enfadada.

EL niño se llamaba como el abuelo de Rocío (padre de su madre) y era una sorpresa para ella, pero ni aun sabiéndolo se le pasó el cabreo. Vio a su primer nieto por primera vez cuando ya gateaba.

Rocío se enfadaba mucho, pero siempre acababa perdonando. Llevaba toda la vida siendo así, con la edad sólo podía ir a peor… Así que simplemente, bailaba con sus subidas y bajadas e intentaba que no le afectase.

Pero al quedarse embarazada de su segunda bebé, su madre se puso mucho más insistente. Decía que no permitiría que le negase conocerla pronto como había hecho con su hermano, cuando ella jamás le había dicho que no fuera. Les decía que cuando a pequeña naciese, se llevaría al mayor, para que no les molestase, haciendo llorar al niño por la forma brusca de su abuela de insinuar que era una molestia para sus padres y que se lo llevaría de su casa…

Finalmente, la niña nació y en la tercera o cuarta visita, los desprecios al mayor de los hermanos (que tenía 5 añitos) eran tan evidentes y hacían sufrir tanto al niño, que Rocío dijo a su madre que no le consentiría ese comportamiento, que si no se iba a comportar y no recordaba que era tan abuela de uno como de la otra, que mejor no fuera por allí.

Ella se fue de un portazo y no volvió más. La pequeña tiene ya 3 años y no volvió a ver a si abuela jamás.

Rocío tenía la esperanza de que reflexionase y volviese, aunque le costase pedir perdón, que al menos volviese. Pero no fue así.

Al principio tenía noticias de ella por su hermano, que le decía que no se quería ver en medio, pero que haría lo posible para que se amigasen de nuevo. Pero hacía un tiempo que su hermano solamente llamaba para preguntar cosas muy concretas. Como si fuera el informador de su madre y se dedicase a contrastar las cosas que su madre iba sabiendo por los cotilleos de las vecinas.

Poco a poco Rocío fue midiendo la información que le dejaba tener a su hermano y poco  apoco su hermano fue dejando de llamar.

Entonces Rocío salió una tarde al parque con sus peques, cuando vio a lo lejos a su hermano empujando un carrito de bebé. Estaba solo. Ella se acercó y, bromeando, le dijo que le quedaba muy bien, que si estaba practicando para tener uno, que si Laura (su novia) lo viese tan cuqui con el carrito, dejaría la píldora seguro. Pero la seriedad de su hermano, lo incómodo que se veía, la paralizó. Entonces Laura apareció.

Jamás hubiese imaginado una escena así. Su cuñada roja de vergüenza diciendo a su marido por lo bajo que ella ya lo había dicho, que tenían que haberla llamado. Su hermano con la mirada fija en el suelo. EL bebé llorando a todo pulmón y Rocío totalmente paralizada sin poder entender la situación.

Su hijo mayor, que se estaba levantando de haberse tirado por un tobogán, reconoció al hermano de su madre y salió corriendo hacia ellos. “¡¡¡Padrinoooo!!!” gritaba el niño con los brazos abiertos. Rocío sujetó más fuerte la mano de su pequeña, que se escondía detrás de ella por vergüenza (y porque el bebé no paraba de llorar).

Sin ser capaz de decir mucho más, dio la mano a su hijo antes de que abrazase a su hermano y le dijo seria “Este no es tu padrino, es otro señor”. Y se llevó a sus hijos de allí.

Mil llamadas perdidas de su hermano y su cuñada se acumulaban en su móvil. Laura lloraba pidiendo perdón, diciendo que habían discutido mucho por aquello, que no entendía por qué su hermano había querido hacerlo así, que solo sabía que era cosa de su madre. Él, por su parte, solamente decía “Ya sabes cómo es mamá” como si fuese excusa para que su hermano, su confidente desde que eran pequeños, el padrino de su hijo mayor, le hubiese ocultado algo así.

Finalmente, un mensaje de su madre. “Hoy conociste a mi nieto. Gané.”

Ella envió a Laura y a su hermano una captura de pantalla de ese mensaje. Ambos enviaron audios muy indignados por cómo los había manipulado y utilizado para vengarse de ella. Pero ellos son adultos e, igual que ella hizo en su día, podían haberla frenado, podían no haberle hecho caso. Pero no. Tuvieron un hijo, a su sobrino; su único sobrino que habían jurado que sería su ahijado desde hacía años, y se lo ocultaron para complacer a la caprichosa de su madre. Así que los bloqueó.

Supo por una vecina cotilla que se encontró en la plaza, que su hermano había dejado de hablar a su madre. Ya lo había conseguido, había separado a toda la familia, Pero a Rocío no le importaba lo más mínimo. Tenía a su marido, unos hijos maravillosos, una buena relación con su familia política y una increíble relación con su familia paterna (que no hablaban con su madre desde que su padre había fallecido). Así que no necesitaba más para ser feliz.

Y es que cuando alguien solamente trae drama, alboroto, críticas y malos ratos a tu vida, debes apartarla. Aunque sea tu madre.

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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