Ya lo decían Aventura en su canción, “Obsesión”: no es amor. A veces la línea puede parecer fina. Durante el enamoramiento casi sentimos que vivimos solo por y para la otra persona, y hay casos en los pueden mostrarse síntomas obsesivos y compulsivos respecto a la otra persona.

Yo mismo, sobre todo en la adolescencia, he llegado a sentir que la emoción por alguien me poseía, que no podía pensar en otra cosa y que haría lo que fuera por ella. Lo normal, con el tiempo, es aprender a regular estas intensas emociones. El flechazo, la media naranja y las hormonas pueden jugar malas pasadas.

Es muy fina la línea que separa al admirador del acosador. Puede confundirse con romance el pensar constantemente en alguien y querer hacer lo que sea por la felicidad de esa persona. Cuando el enamoramiento está arraigado en la fantasía, las cabezas vuelan. En esa primera fase en la que no conoces todavía bien a la otra persona pero sientes que ya es perfecta, es fácil pasar señales por alto. 

Cuando nos falta información, nuestro cerebro suele rellenar los vacíos, normalmente con suposiciones. Con unas expectativas altas, si nos dejamos llevar por las mariposas en el estómago caemos en el riesgo de idealizar a la otra persona. En el caso de los romances no correspondidos, o también con los “casi algos”, hay personas que empiezan a vivir una historia de amor paralela en su cabeza que poco o nada tiene que ver con la realidad.

Recuerdo el caso de un amigo mío que empezó a salir con una amiga suya. Tuvieron varias citas y parecía que se estaban conociendo bien. Mi amigo transmitía que tenían una relación y que, aunque no estaban tan en sintonía como él quería, seguían avanzando paso a paso. Con el tiempo supe que, después de unas cuantas citas, ella había intentado dejarle claro que no quería seguir conociéndole. A pesar de haber sido muy clara, él siguió aferrándose a la idea de que algo podría hacer para que permanecieran juntos. 

Mi amigo llevaba tiempo fantaseando con esta chica, y en cuanto vio que el escenario de ser pareja podría hacerse realidad, parte de su cabeza se ancló ahí. La imaginación y las ganas de evasión de mi amigo generaron un relato alternativo de lo que estaba pasando que culminó con varias situaciones incómodas y con él pidiéndonos ayuda. 

 

Muchas veces se recomienda “dejarse llevar” a la ligera. Hay personas y situaciones que pueden desencadenar una oleada emocional tan grande, que si nos dejamos llevar por ellas sin atender a la razón, podemos perderla.

Es muy importante conocerse a uno mismo, saber cómo sentimos, pensamos e interiorizamos las cosas. Nuestra relación interna es crucial en nuestro día a día, pero también especialmente cuando empezamos a conocer a alguien. Junto con la comunicación, la autorreflexión nos ayudará a que la relación sea una misma realidad compartida y no dos historias alternativas.

Tener claros tu valor, tus límites y qué esperas en una relación ayuda a no caer en fantasías deseables. Sentir que hay reciprocidad, que nuestra pareja nos quiere de la misma manera, sirve de “termómetro” para medir si estamos dando o recibiendo más que otra persona.

La realidad siempre supera a la ficción, y también esto es cierto en el amor. No podemos vivir, construir y crear algo tan real teniendo tantos pájaros en la cabeza. El primer paso para compartir nuestra vida con alguien, es aportar un “lugar mental” en el que podamos coexistir con la realidad y con la otra persona.

¿Alguna vez has sentido un enamoramiento evolucionar a obsesión? ¿Has llegado a rellenar los vacíos de un “casi algo” con explicaciones de fantasía que has acabado creyendo? ¿Qué harías si alguien se obsesiona contigo de esa manera?

Por Tío Vivo