Estoy hasta los cojones de que nos digan que tenemos la piel muy fina. El hecho de que durante siglos se haya maltratado a las mujeres y antes fuese algo “normal” no le quita ni un ápice de importancia a lo que hoy reconocemos claramente como violencia. 

Hay discursos para todos los gustos pero yo no claudico en que traspasar ciertos límites se considera ejercer violencia contra una mujer. Cosas que se pueden ver como medio normal, tipo acostarte con tu marido porque él quiere, aunque a ti no te apetezca una mierda, por tener que hacerlo para cumplir con tus obligaciones conyugales. O fiscalizar las amistades de tu mujer, sus contactos del móvil, su libertad. Decirle cómo debe o no ir vestida. No es necesario dar un empujón o insultar  a una persona para estar transgrediendo la delgada línea roja que puede hacer que ella se sienta agredida.

Y justo eso es lo que le pasa a mi amiga, y yo, que queréis que os diga, sufro mucho con ello. La quiero un montón y hay situaciones que en mi cabeza son claramente traspasar esa línea que comentaba, pero ella siempre justifica a su pareja romantizando esas situaciones.

Por ejemplo, cuando me cuenta que la noche anterior se ha tenido que acostar con él sin querer hacerlo, pero que al final accede porque él se pone insistente e incluso porque empieza a tocarla sin que ella parezca divertirse ni estar por la labor, pues me sienta fatal la verdad. Me dice que su marido la presiona y que ella al final cede, pero porque él la desea tanto que es que le dice que es incapaz de resistirse. Me parece una manipulación de manual y ella se la cree.

También cuando le dice que no salga con sus amigas, que eso es dejarlo solo y está mal. O cuando le dice que con esa ropa a donde va, que parece un fantoche. Usa descalificativos innecesarios y ella lo justifica siempre diciendo que es que él es así, que siempre mira por ella y que lo que no quiere es que haga el ridículo. Que es un poco bruto hablando pero que la quiere mucho. Incluso una vez la empujó al sofá en una pelea y le dije que no se lo iba a permitir, que a la próxima lo denunciaba yo, pero ella me respondió que ni se me ocurriera, porque la culpa había sido suya, que es que ella había bebido un poco y lo había sacado de quicio.

Este tipo de cosas hace que nos estemos alejando. Primero porque él mismo no me traga y le dice a mi amiga que le meto ideas de mierda en la cabeza, aprovechando para menospreciar su propia capacidad, como si directamente ella no tuviese personalidad ni opinión propia. Y después porque veo que todo cae en saco roto y que le sigue permitiendo al marichulo éste que la trate con la punta del pie.

Me parece muy peligroso este tipo de permisividades y de argumentos. Creo que es muy importante llamar a las cosas por su nombre y dejar de romantizar la violencia de género escudándola en que se pone celoso porque está muy enamorado o que aquel día se pasó de la raya porque fuimos nosotras quienes les dimos motivos.

No podemos enseñarle eso a nuestras hijas, a nuestra juventud. Llamemos a las cosas por su nombre por favor.

 

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