Desde siempre he sido una persona bastante introvertida pero supongo que con los años ese rasgo se ha agudizado más en mí. Parece que cuando eres joven, si no eres social, te ven como alguien raro que no es feliz o con traumas de algún tipo. Así pues, en mis tiempos universitarios pasé bastante desapercibida como una estudiante más que salía de fiesta los jueves y que no le importaba hacer trabajos en grupo. A pesar de intentar integrarme en la sociedad, nunca fui una persona extrovertida.
Poco a poco me di cuenta de que no importaba que no me apeteciera salir de fiesta ni estar rodeada de personas, ni de que prefiriera quedarme en casa leyendo un buen libro o viendo mi serie favorita. Me di cuenta de que no tenía ningún problema por sentirme mal con grupos grandes y por sentir que no me importaba mucho aquello que contaban, sino que me sentía mejor quedando a solas con otra persona, hablar de temas más profundos y no tener que juntarme con mucha gente para reírme sintiendo que si no lo hacía es que no tenía sentido del humor o que no sabía divertirme.
Había leído y escuchado muchas veces que las personas debemos socializar para ser felices, que todos deseamos tener muchos amigos, tener grupos con quien salir y tener pareja con quien compartir nuestro tiempo. Durante demasiados años he intentado convencerme de que eso es lo normal y he ido forzándome a quedar en grupo o a quedar con personas con las que no tengo nada en común.
Con el tiempo fui volviéndome más selectiva, dejé de ir a quedadas de grandes grupos en las que nunca me he sentido cómoda, he entendido que no a todos nos hace feliz lo mismo y que mientras unos se lo pasan en grande con su grupo de amigos, otros somos más antisociales y nos lo pasamos genial en casa con nosotros mismos. También he dejado de quedar con personas que no me aportaban nada, que solo hablan de sí mismas, que sus conversaciones no me interesaban, pero con quienes no cortaba porque me sabía mal pensando que me sentiría peor persona haciéndolo.
Ahora cuido mucho mis relaciones personales. No me gusta estar en el trabajo chismorreando con mis compañeros de oficina, prefiero estar trabajando sin parar para no llevarme trabajo a casa y poder dedicarme a lo que me hace feliz en mi tiempo libre. Ya no quedo cuando se organizan cumpleaños o eventos en los que se reúnan muchas personas, solo lo hago por compromiso cuando es una celebración importante a pesar de no tener ningunas ganas de ello. No tengo ganas de fingir ni de estar donde no quiero estar. Eso no significa que no tenga amigos, tengo unos pocos, se pueden contar con los dedos de una mano, y esas son las únicas personas aparte de mi familia con quien sí me apetece socializar, aunque tampoco lo haga ni todas las semanas ni todos los meses solo a veces o cuando esa persona me necesita.
Sé que hay numerosos estudios que defienden que somos seres sociales y que todos necesitamos de los demás, pero supongo que algunas personas necesitan socializar más que otras. Puedo pasarme semanas sin quedar con nadie, puede ser que me haya vuelto más cerrada y me guste pasar más tiempo conmigo misma, pero no tengo ningún problema ni siento que tenga ningún trauma. Es mi forma de ser. No tengo ganas de ir al trabajo para ver a mis compañeros, al revés, sería feliz teletrabajando. Tampoco voy al gimnasio para estar con gente, es más, cada vez practico más deporte en soledad. No tengo ganas de quedar con nadie para disfrutar de la comida de un buen restaurante, prefiero hacerlo sola. Y me encanta viajar conmigo misma decidiendo en todo momento qué visito o qué hago sin tener que consensuarlo con otra persona y tener que compartir con ella 24 horas durante días.
Soy feliz haciendo la mayoría de actividades diarias en soledad. No sé si siempre he sido tan antisocial o si es que antes me juntaba con más gente movida por las convenciones sociales, lo que sí sé es que sin apenas socializar soy más feliz que nunca.
